Por Ricardo Reyes.
El cierre del relleno sanitario “El Iztete” en Tepic apenas registra un avance del 45%, según informó el director de Ecología municipal, Abraham Sandoval. Lejos de ser una buena noticia, esta cifra revela la lentitud con la que las autoridades municipales han manejado una crisis ambiental y de salud pública que se arrastra desde hace décadas.
“El Iztete” dejó de ser un relleno sanitario funcional hace años para convertirse en un basurero a cielo abierto saturado, que recibe alrededor de 500-550 toneladas diarias de residuos. Su capacidad fue rebasada desde hace mucho tiempo, generando lixiviados tóxicos que contaminan el suelo y posiblemente el río Mololoa, emisiones de gases como metano que contribuyen al calentamiento global, y malos olores constantes que afectan a colonias aledañas.
El sitio ha sido escenario recurrente de incendios graves, como los registrados en 2024, que provocaron humo tóxico denso, suspensión de clases en escuelas cercanas y una contingencia ambiental que expuso a miles de tepicense a contaminantes peligrosos para la salud respiratoria y ocular. Vecinos han denunciado que, en días de quema, es imposible abrir ventanas o salir a la calle sin riesgo.
A pesar de que existe un nuevo relleno sanitario “La Villita” construido al 100% desde hace meses (incluso se hablaba de su operación en 2025), su arranque sigue sin una fecha clara. Mientras tanto, “El Iztete” continúa recibiendo basura y el proceso de clausura avanza a paso de tortuga: solo se ha sellado una parte del sitio, y autoridades admiten que la clausura total podría tomar hasta 25 años o más de dos años y medio en el mejor de los escenarios.
Este ritmo pausado contrasta con la urgencia que exige un sitio que ya representaba un alto riesgo ambiental desde planes municipales de hace casi una década. La demora perpetúa la exposición de la población a contaminantes, la proliferación de vectores como roedores e insectos, y el deterioro de zonas ejidales cercanas por derrumbes y filtraciones.
Mientras el director de Ecología celebra un 45% de avance como si fuera un logro, la realidad es que Tepic sigue respirando el costo de años de mala gestión de residuos: un basurero que debió cerrarse hace mucho tiempo y cuya “clausura” parcial no mitiga de inmediato los daños acumulados. La ciudadanía merece acciones concretas y rápidas, no comunicados que maquillen una crisis que continúa activa.

