Por Carlos Hartig.
En un movimiento estratégico que busca consolidar el mando operativo con perfiles de carrera, el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), oficializó el nombramiento del Comandante Alberto Garay como nuevo Director de la Policía Estatal. Este relevo marca el fin de la gestión del Comandante Nicolás Rivera Navarro, quien durante los últimos cinco años lideró la corporación, cerrando un ciclo caracterizado por la estabilidad institucional y la contención delictiva en una de las etapas de mayor transición política para la entidad.
El ascenso de Alberto Garay se interpreta como una apuesta por el «servicio de carrera» y la lealtad interna, alejándose de los nombramientos externos o de carácter político. Con más de dos décadas de servicio activo, el nuevo director ha recorrido todo el escalafón policial: desde sus inicios como escolta y jefe de grupo, hasta su desempeño como coordinador regional. Su trayectoria operativa le otorga un conocimiento quirúrgico de la geografía delictiva del estado, factor que fue determinante para su designación en un momento donde la proximidad social y la inteligencia táctica son prioridades de la agenda estatal.
Por su parte, el Comandante saliente, Nicolás Rivera Navarro, deja el cargo tras una gestión de cinco años en la que logró mantener la operatividad de la fuerza estatal frente a diversas campañas de desprestigio y retos de seguridad regional. Rivera Navarro, un veterano con décadas en la corporación, fue pieza clave en el esquema de seguridad actual; su salida se da en términos de institucionalidad, habiendo cumplido con los objetivos de despliegue preventivo y fortalecimiento de la infraestructura policial que le fueron encomendados al inicio de su gestión.
La llegada de Garay a la Dirección General no está exenta de retos inmediatos. El nuevo mando tendrá la encomienda directa de profundizar la coordinación de seguridad con las fuerzas federales, como la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Guardia Nacional, especialmente en las zonas limítrofes del estado. Asimismo, la agenda de trabajo contempla la modernización tecnológica de la corporación y la dignificación de las condiciones laborales de los agentes, buscando que el equipo táctico esté a la altura de las exigencias del combate a la delincuencia organizada y común.
Finalmente, este cambio de estafeta envía un mensaje de continuidad y mérito a las filas de la Policía Estatal. Al otorgar el mando a un oficial que conoce las necesidades de la tropa desde su base, la administración estatal busca renovar la confianza ciudadana mediante una estrategia de «mano firme y conocimiento de campo». El éxito de Alberto Garay al frente de la institución será fundamental para mantener los índices de seguridad que Nayarit demanda, en un contexto nacional donde la eficacia policial es el activo más valioso para la paz pública.

