Por Ricardo Reyes.
En medio de un panorama de inseguridad que persiste en la zona norte del estado, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero encabezó este lunes una gira de trabajo en Acaponeta, donde se reunió con autoridades de los tres órdenes de gobierno en las instalaciones del 86 Batallón de Infantería para revisar estrategias de seguridad.
La actividad incluyó la incineración de casi dos toneladas y media de narcóticos y la destrucción de 592 máquinas tragamonedas incautadas en operativos previos. Aunque el mandatario estatal presentó estas acciones como parte de un “combate firme” contra actividades ilícitas que afectan especialmente a los jóvenes, la realidad en la región norte de Nayarit dista de reflejar un control efectivo de la delincuencia.
A pesar de las mesas de “Construcción de la Paz” y los operativos publicitarios, municipios como Acaponeta, Huajicori y Tecuala han registrado en los últimos meses enfrentamientos armados, privaciones de la libertad y uso de armamento de alto calibre en comunidades, incluso en zonas indígenas de la sierra. Reportes recientes de detonaciones y balaceras cerca del río Acaponeta muestran que la presencia del crimen organizado sigue generando temor entre la población, obligando a las autoridades a recomendar evitar ciertas áreas.
La supervisión del avance de un camino de acceso al Batallón, con una inversión de 5 millones de pesos, fue destacada por el gobierno como un refuerzo a la “conectividad estratégica”. Sin embargo, críticos cuestionan si estas obras de infraestructura militar compensan la percepción ciudadana de que la estrategia de coordinación institucional no ha logrado erradicar la raíz de la violencia ni restaurar plenamente la tranquilidad en las comunidades.
Navarro reiteró que la seguridad es una responsabilidad diaria y compartida, pero habitantes de la zona norte siguen exigiendo resultados más contundentes ante la reincidencia de hechos violentos que, aunque a veces se minimizan en comunicados oficiales, continúan afectando la vida cotidiana de las familias nayaritas.
Mientras el gobierno presume decomisos y destrucciones simbólicas, la ciudadanía de Acaponeta y municipios aledaños espera que estas giras de trabajo se traduzcan en una reducción real y sostenida de la delincuencia, más allá de actos protocolarios y quema de evidencias. La inseguridad en el norte de Nayarit sigue siendo un desafío pendiente que no se resuelve solo con mesas y fotografías.

