Por Carlos Hartig.
Mientras la columna vertebral de la democracia municipal en México era sometida a un «plumazo» constitucional en la madrugada, la diputada federal por Morena, Andrea Navarro, ofrecía a través de sus redes sociales un espectáculo que devela la alarmante frivolidad con la que se conduce la actual Legislatura. En una exhibición de cinismo político, Navarro acompañó la aprobación del destructivo «Plan B» electoral no con argumentos técnicos, sino con videos de Instagram musicalizados con temas de Juan Gabriel, demostrando que para ella la Tribuna de la Nación es poco más que un escenario de karaoke y la Constitución, un guion de reparto de cuotas.
https://www.facebook.com/stories/100483982104243/UzpfSVNDOjEyMTYxMTgwMjcwMTk1NzA=/?view_single=1
En el material audiovisual difundido por la propia legisladora, se le observa «atenta al debate» mientras suena de fondo “Pero qué necesidad” del «Divo de Juárez», una ironía involuntaria que describe perfectamente su postura ante el país. Para Navarro, parece haber una «necesidad» imperante de desmantelar las instituciones mientras ella se graba en modo selfie dentro del recinto legislativo. Esta conducta no es solo una falta de respeto al protocolo parlamentario, sino un insulto a los ciudadanos que esperan seriedad de una representante que prefiere tararear éxitos musicales que analizar el impacto de las 80 reservas que su bancada desechó sin leer.
https://vt.tiktok.com/ZSH9HNKAA
La participación de Navarro en la sesión que mutiló los artículos 115, 116 y 134 constitucionales se limitó a la obediencia ciega. Con la misma ligereza con la que edita sus videos, la diputada votó a favor de un centralismo asfixiante que impone un tope de 15 regidores por ayuntamiento. Con esta decisión, Navarro no solo «cantó» su lealtad al régimen, sino que silenció de tajo a las minorías en los cabildos de todo el país, eliminando la pluralidad en los municipios más vulnerables para concentrar el poder en manos de alcaldes alineados a su partido.
Bajo el falaz argumento de que «nadie gane más que la Presidenta», Navarro celebró un recorte irracional del 15% al presupuesto del Senado y el desmantelamiento operativo del INE. Mientras en sus videos se le ve sonriente junto a figuras como María Rosete, el país observa con preocupación la pérdida de autonomía técnica de los organismos que garantizan la certeza electoral. Es imperante cuestionar: ¿Dónde está el ahorro real cuando se destruye la capacidad de fiscalización? La diputada calla ante estas interrogantes, prefiriendo el aplauso fácil de sus seguidores digitales que la responsabilidad de su cargo.
Resulta ofensivo para la ciudadanía que, en medio de una crisis de representatividad, la máxima de «siempre trabajando» de Navarro se traduzca en posar para la cámara con filtros de Instagram mientras el pacto federal se desmorona. Legislar exige un nivel de análisis que la diputada parece haber canjeado por «likes» y canciones populares. Su «trabajo» en San Lázaro, como se aprecia en el video, no es más que la ejecución mecánica de una orden superior, desprovista de conciencia legislativa y sobrada de una estética de farándula que minimiza la importancia del Palacio Legislativo.
El «Plan B» avanza ahora hacia los Congresos locales como un dictamen «copeteado» de autoritarismo, y Andrea Navarro pasará a la historia no como una legisladora de altura, sino como una operadora que prefirió musicalizar el retroceso democrático de México. Si «así como canta, legisla», el país enfrenta un futuro legislativo desafinado y peligrosamente obediente. Al final, como dice la canción de Juan Gabriel que ella misma eligió, para Navarro no hubo «necesidad» de estudiar la reforma, pues para la mayoría oficialista, el espectáculo de las redes sociales siempre será más importante que el bienestar de la nación.

