Por Ricardo Reyes.
El dedazo se disfraza de «rendición de cuentas.
Tras el repentino «vuelo» que tomaron en los últimos días los codazos y empujones por las posiciones en las boletas del 2027, ya podemos declararlo oficialmente: se acabaron las casualidades en Bahía de Banderas. A partir de ahora, cada declaración, cada posicionamiento y hasta los chistes más inocentes deben ser diseccionados con lupa, porque detrás siempre hay un mensaje mucho más calculado que lo que aparenta.
En su tradicional Rendición de Cuentas, el alcalde Héctor Santana se mostró más «filoso» de lo habitual. Mientras repartía —muy entre líneas— sus revolcadas a la «suspiranta que sonríe», el edil regaló una postal que ha dejado tronándose los dedos a más de un soñador bahiabanderense: la foto oficial donde posan, como niños consentidos, Chuy Mejía, Ramón Álvarez y Ramón González.
Aparecer en esa imagen no es un detalle menor. De un plumazo, los tres adquieren una ventaja política artificial que poco tiene que ver con méritos ciudadanos y mucho con el favor del jefe. Ser de los «elegidos» que sonríen junto al alcalde manda una señal clarísima: aquí hay un dedazo en marcha y los demás aspirantes sobran.
Es cierto que las simpatías no se heredan. Pero también es verdad que, conociendo el perfil centralista y controlador de Santana, solo levanta la mano para señalar a quienes le han seguido el paso sin chistar, a aquellos que le han bailado al ritmo que él marca. Los «mejores elementos», según su muy particular criterio.
Mientras tanto, el resto de los soñadores del municipio se quedan viendo la foto desde afuera, preguntándose si vale la pena seguir invirtiendo tiempo, esfuerzo y recursos en un proceso que, desde ahora, parece cocinado en las oficinas del palacio municipal.
Ya veremos cómo se acomodan las piezas en la recta final rumbo al 2027. Pero una cosa queda clara: para Chuy Mejía, Ramón Álvarez y Ramón González, el próximo año no será «normal». Será el año del favoritismo disfrazado de continuidad. Para los demás… será el año de recordar que, en política local, las casualidades nunca existieron.

