Por Ricardo Reyes.
En medio de una crisis ambiental que arrastra décadas, la Dirección General de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Tepic realizó este 22 de marzo, en el marco del Día Mundial del Agua, la que llamaron “tercera jornada de limpieza” en el río Mololoa, específicamente en la zona de la calle Proyecto.
Según el boletín oficial, se recolectaron “más de 8 toneladas de residuos”. Sin embargo, para los vecinos de las colonias aledañas, esta cifra representa apenas un paliativo simbólico ante el estado real del río: un cauce convertido desde hace más de 70 años en una cloaca a cielo abierto que recibe descargas de aguas negras, lixiviados del relleno sanitario El Iztete y todo tipo de basura y contaminantes.
Vecinos y comerciantes de la zona del Boulevard Colosio reportaron apenas en enero de 2026 que los malos olores se han intensificado dramáticamente. El hedor penetra en las viviendas incluso con puertas y ventanas cerradas, provoca náuseas y dolores estomacales en niños y ancianos, y afecta a más de 300 estudiantes de una secundaria cercana. Todo esto pese a la existencia de una planta de tratamiento que, evidentemente, no resuelve el problema de fondo.
La nota oficial presume que esta actividad se “suma al Acuerdo Nacional por el Derecho Humano al Agua y la Sustentabilidad” impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Pero la realidad en Tepic es otra: estudios científicos y reportes históricos coinciden en que el Mololoa sufre contaminación crónica por aguas residuales de la ciudad, con altos niveles de Escherichia coli, coliformes fecales y demanda química de oxígeno, especialmente en periodo de estiaje. La urbanización descontrolada ha reducido su cauce, y las descargas continúan sin que exista un saneamiento integral efectivo.
Mientras las autoridades locales y federales se fotografían recolectando bolsas de basura y emitiendo comunicados triunfalistas, el río sigue recibiendo toneladas de contaminantes día con día. Las limpiezas puntuales, por más mediáticas que sean, no sustituyen la falta de infraestructura, vigilancia y voluntad política para cerrar las descargas ilegales y tratar realmente las aguas residuales.
En Tepic, el Día Mundial del Agua se celebró una vez más con escobas y discursos, mientras el Mololoa —y la salud de sus habitantes— sigue pagando las consecuencias de años de abandono institucional. Ocho toneladas recogidas suenan a logro para un boletín de prensa; para los que viven junto al río, solo confirman que el problema es mucho más grande y sigue sin resolverse de raíz.

