Por Javier Zapata.
Mientras las tumbas del Panteón de La Cruz son saqueadas y los recuerdos robados, la edil de Tepic desfila entre pasarelas, luces y aplausos pagados con dinero público.
Las calles siguen destrozadas, el abandono es total y la gobernabilidad se ha convertido en una ilusión sostenida por fotos y bardas pintadas con sonrisas falsas.

Porque con sonreír para la cámara no se arreglan los baches, ni se limpia el panteón, ni se rescata la dignidad de un pueblo cansado de promesas huecas.
El Congreso guarda silencio, las autoridades se esconden tras los reflectores, y el gasto público se va en atuendos, joyas y arreglos personales que insultan la pobreza de la gente que dicen representar.
Mientras Tepic, se hunde en el abandono, la élite política presume lujos que no les alcanzan, ni con su sueldo, burlándose del pueblo a plena luz del día.
Y como si fuera poco, hasta el recién llegado obispo parece rendirse ante el contubernio del poder, bendiciendo el espectáculo en lugar de levantar la voz por los olvidados.
¿Quién detendrá esta burla, este cinismo institucionalizado que ofende la fe y la razón?
Tepic no necesita más pasarelas, necesita vergüenza, autoridad y justicia social.
🕊️ Voz En Guardia

