Tepic, Nayarit (RRC): En la Universidad Autónoma de Nayarit parece haberse instaurado una nueva forma de administrar: abundan los comunicados optimistas, las reuniones de evaluación y los mensajes de reconocimiento interno, pero escasean los resultados que realmente impacten la vida académica de estudiantes y docentes.
La rectora Norma Liliana Galván Meza volvió a recurrir al discurso institucional para informar sobre una reunión con directores de unidades académicas, secretarios, directores y coordinadores, asegurando que el objetivo fue fortalecer la coordinación y preparar el siguiente ciclo escolar. Un anuncio que, lejos de generar expectativa, vuelve a evidenciar una administración que privilegia la imagen pública sobre la rendición de cuentas.
En su mensaje, la Rectoría habló de «importantes avances», de «unidad» y de «trabajo colaborativo». Sin embargo, evitó precisar cuáles son esos logros, dónde están los indicadores que los respalden y cuáles han sido los beneficios concretos para una comunidad universitaria que durante años ha enfrentado rezagos académicos, financieros y de infraestructura.
Mientras los comunicados oficiales celebran reuniones administrativas, la realidad universitaria sigue marcada por necesidades que no se resuelven con discursos. La comunidad espera mejores instalaciones, mayor inversión en investigación, fortalecimiento de los programas educativos, transparencia en el manejo de los recursos públicos y una estrategia clara que devuelva competitividad a la institución.
Resulta inevitable cuestionar si la Rectoría pretende convencer con publicaciones en redes sociales lo que aún no logra demostrar con resultados verificables. Gobernar una universidad exige mucho más que mensajes de optimismo; exige liderazgo, decisiones firmes y capacidad para resolver los problemas que durante años han limitado el crecimiento de la UAN.
A estas alturas de la administración, las reuniones internas ya no representan una noticia, sino una obligación. Lo verdaderamente relevante sería informar qué problemas fueron resueltos, cuánto se invirtió, qué indicadores mejoraron y cómo se traduce esa supuesta coordinación en beneficios para miles de estudiantes y trabajadores universitarios.
En la UAN, la comunidad ya no demanda más fotografías de mesas de trabajo ni comunicados cargados de lugares comunes. Exige resultados, transparencia y una Rectoría que rinda cuentas con hechos y no únicamente con discursos. Porque una universidad se fortalece en las aulas, en los laboratorios y en la calidad de su enseñanza, no en la narrativa oficial que intenta presentar como grandes logros lo que debería ser parte de la responsabilidad cotidiana de cualquier administración.

