Por Ricardo Reyes.
Este martes por la tarde, una araucaria de gran tamaño se desplomó estrepitosamente en la Plaza Principal de la capital nayarita, generando pánico entre transeúntes, familias y trabajadores que circulaban por la zona. Aunque las autoridades afirman que “gracias a Dios” no hubo personas lesionadas, el incidente deja en evidencia la grave falta de mantenimiento y la precaria atención que la administración de la alcaldesa Geraldine Ponce otorga al patrimonio urbano y la seguridad de los ciudadanos.
La responsabilidad directa recae en la edil Geraldine Ponce y en la Dirección de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Tepic, dependencias que han fallado ostensiblemente en el cuidado del arbolado urbano. Vecinos y testigos presenciales relataron que el árbol cayó sin previo aviso, levantando una nube de polvo y ramas que pudo haber provocado una tragedia. Solo la “suerte” evitó que alguna persona resultara aplastada o herida de gravedad. ¿Hasta cuándo vamos a depender de la buena fortuna para evitar muertes en espacios públicos?
A pesar de que personal de Protección Civil y Bomberos acudió “de inmediato” al lugar, lo cierto es que la prevención brilló por su ausencia. Las autoridades ahora anuncian que “se realiza un análisis para determinar las causas” y que “revisarán” el estado del resto de los árboles. Preguntas incómodas surgen de inmediato: ¿Por qué la Dirección de Parques y Jardines no realizó esa revisión exhaustiva antes del incidente? ¿Cuántos árboles más en la plaza y en otros espacios públicos de Tepic están enfermos, podridos o con riesgo inminente de caer bajo la gestión de Geraldine Ponce?
Este no es un hecho aislado. La caída de árboles en zonas urbanas suele ser consecuencia directa de la falta de podas preventivas, riego adecuado, fertilización y detección temprana de plagas o pudrición en las raíces. En una ciudad como Tepic, que presume de su centro histórico y sus espacios públicos, resulta inadmisible que la administración municipal espere a que un árbol se derrumbe para actuar.
Los tepicenses merecen caminar por su Plaza Principal sin el temor constante de que un tronco o una rama les caiga encima. La indolencia de la alcaldesa Geraldine Ponce y de la Dirección de Parques y Jardines en materia de mantenimiento urbano queda nuevamente al descubierto. No basta con llegar después del susto y prometer “análisis”. Se requiere acción inmediata, presupuestos reales destinados al cuidado del arbolado urbano y una verdadera política de prevención, no de simple reacción cuando ya ocurrió el daño.
Mientras tanto, los capitalinos seguirán cruzando la plaza mirando hacia arriba con desconfianza. Porque en Tepic, al parecer bajo esta administración, ni los árboles son seguros.

