Por Carlos Hartig.
La Federación de Estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit (FEUAN) vivió una de sus jornadas más negras y vergonzosas. En un acto que raya en el autoritarismo puro, la dirigente Valeria de León intentó imponer, de manera unilateral y a espaldas de la comunidad universitaria, tanto la comisión electoral como la convocatoria para la renovación de la presidencia estudiantil. Tras dos años de parálisis y de esquivar al Honorable Consejo General Estudiantil por miedo a no tener la mayoría, la cúpula feuanista pretendió alborear a los consejeros en una sesión extraordinaria fast-track, demostrando un absoluto desprecio por las formas democráticas y la legalidad institucional.
Sin embargo, la soberbia de la dirigencia topó con pared. Los consejeros estudiantiles, conscientes de su papel como máxima autoridad de la Federación, frenaron en seco el albazo. Con dignidad y firmeza, la oposición estudiantil exigió lo mínimo que se espera en un recinto universitario: que las propuestas se presentaran con transparencia, se discutieran abiertamente y se votaran de manera libre. El rechazo unánime a firmar un cheque en blanco descolocó por completo a Valeria de León, quien vio cómo su pretendido control absoluto se desmoronaba ante el reclamo legítimo de una base que ya no está dispuesta a callar ni a someterse a caprichos cupulares.
Lejos de encauzar la sesión por la vía del diálogo, la respuesta de la FEUAN ante la falta de votos fue la violencia y la intimidación física. Testigos del encuentro denunciaron que miembros del comité oficialista recurrieron a insultos, amenazas directas y agresiones físicas para doblegar a los inconformes, ensañándose de manera sumamente baja incluso con presidentes de comités que son menores de edad. Este despliegue de tácticas porriles no solo desnuda la desesperación de una dirigencia decadente por retener el poder a como dé lugar, sino que fractura cualquier rastro de legitimidad moral dentro de la organización estudiantil.
El desenlace de la sesión quedará marcado como un hecho histórico de cobardía política. Al verse rebasada, sin argumentos y sin el respaldo de los consejeros, Valeria de León prefirió huir. Decretando un receso improvisado, la dirigente abandonó el recinto dejando el proceso en el limbo y a la comunidad enardecida. La huida de De León no es solo el abandono de una asamblea; es la aceptación tácita de que perdieron el control de la Universidad y de que el fraude que pretendían orquestar fue desmantelado por los propios estudiantes a los que juraron representar.
La gravedad de la trifulca obligó a la intervención de la Policía Estatal y Municipal para resguardar el orden en las inmediaciones del recinto universitario, un escenario patético que refleja el nivel de descomposición al que ha llegado la FEUAN. Que la fuerza pública tenga que intervenir en una sesión de consejo estudiantil es el síntoma inequívoco de que la actual dirigencia prefiere el caos y la violencia antes que ceder ante la voluntad democrática de las mayorías. La suspensión de la sesión es, a todas luces, una victoria temporal del bloque opositor frente a un régimen que se niega a morir pacíficamente.
Hoy la FEUAN se encuentra bajo el escrutinio público y en una crisis de legitimidad sin precedentes. El intento de imposición fallido deja claro que los tiempos del sometimiento ciego se terminaron en la UAN. Valeria de León y su séquito no solo fracasaron en su intento de fraude, sino que encendieron la mecha de un despertar estudiantil que exige una renovación limpia, transparente y sin las viejas mañas del porrismo. La convocatoria está suspendida, pero la exigencia de justicia y democracia dentro de la máxima casa de estudios de Nayarit ya no se puede detener.

