Bajo la fachada de una «hermandad» sindical, se esconde una estructura de bloqueos arbitrarios y persecución interna. Javier Alejandro Siordia Ceron, titular de Vivienda, denuncia el secuestro institucional de un gremio que predica derechos laborales mientras, en la práctica, pisotea la voluntad democrática de sus propios órganos de representación.
Por Carlos Hartig.
La crisis que atraviesa el Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad Autónoma de Nayarit (SETUAN) ha dejado de ser un rumor de pasillo para convertirse en un escándalo de autoritarismo y simulación. La denuncia pública de Javier Alejandro Siordia Ceron, Secretario de Fomento a la Vivienda, pone nombre y apellido a la indignación: se trata de una «terquedad» sistémica, una cerrazón unipersonal que ha decidido que las leyes internas y los acuerdos del Consejo General son simples sugerencias que se pueden ignorar. Mientras la dirigencia se deshace en elogios hacia la «base trabajadora» en cada evento público, en las oficinas se teje una red de bloqueos que impide el funcionamiento básico de las carteras más sensibles para el patrimonio de los universitarios.
Es una bofetada a la inteligencia del trabajador ver cómo se desfila con banderas de justicia social mientras se violenta de forma sistemática la Cláusula 116 del Contrato Colectivo de Trabajo. ¿Cómo puede una dirigencia hablar de «moral» y «defensa del trabajador» cuando mantiene congelada la restitución de licencias sindicales aprobadas por mayoría desde marzo de 2026? Este no es un simple retraso administrativo; es un sabotaje deliberado. La figura que hoy ostenta el control real del SETUAN parece haber olvidado que el sindicato es un ente colegiado, no un feudo donde los caprichos personales están por encima del mandato democrático que otorgó el voto en las urnas a la planilla «Frente de Base Electa».
La gravedad de lo expuesto por Siordia Ceron alcanza niveles de cinismo puro. Se reporta la realización de actividades de la Secretaría de Vivienda por parte de «integrantes distintos a su titular». Esto tiene un nombre: usurpación y caos inducido. Al permitir que manos ajenas y sin legitimidad metan mano en los asuntos de vivienda, no solo se confunde a la base trabajadora, sino que se pone en riesgo la defensa técnica y legal de sus derechos habitacionales. Es la táctica más vieja del autoritarismo: si no puedes controlar a un secretario electo, crea una estructura paralela para anularlo, aunque en el proceso se destruya la institucionalidad del gremio.
Resulta patético observar la «doble moral» de quienes, en cada discurso y presentación, se envuelven en la túnica de los derechos humanos, pero en la realidad cotidiana actúan como carceleros de la gestión de sus propios compañeros. El silencio ante las solicitudes formales presentadas el 11 de mayo de 2026 es la respuesta de un régimen que le teme a la transparencia. ¿Qué ocultan? ¿A qué le temen si su gestión es tan «ejemplar» como dicen sus boletines? La falta de respuesta oficial no es otra cosa que el reconocimiento implícito de que se están violando los estatutos para mantener un control absoluto y asfixiante sobre cualquier voz que busque trabajar con autonomía.
La base trabajadora del SETUAN debe despertar ante este teatro de sombras. No se puede permitir que la «empatía» sea solo una palabra de moda en los discursos de una cúpula que ya no goza del respaldo real de quienes sostienen a la universidad. El mensaje de Siordia Ceron es un grito de auxilio por la legalidad: ¡Dejen trabajar a quienes sí desean apoyar al trabajador! El sindicato no puede seguir siendo el rehén de una persona empecinada en que solo su visión —viciada por el poder— es la correcta. La dignidad de un gremio no se construye con fotos y mensajes motivacionales de doble moral, se construye respetando los acuerdos y la libertad de gestión de sus integrantes.
Es hora de poner fin a la simulación. El SETUAN necesita recuperar su esencia democrática antes de que la ambición y la terquedad de unos cuantos terminen por sepultar décadas de lucha sindical. La restitución inmediata de los derechos y licencias de Javier Alejandro Siordia Ceron no es una concesión graciosa, es una obligación estatutaria y un acto de mínima decencia política. Si la dirigencia actual sigue prefiriendo la foto y el discurso vacío sobre el cumplimiento de la ley, quedará marcada en la historia como la generación que traicionó a sus hermanos de clase por un plato de soberbia.

