Por Carlos Hartig.
El Instituto Nayarita de la Juventud (INJUVE), bajo la cuestionable dirección de Manuel Alberto Mendoza Esparza, ha pasado de ser una instancia de fomento al desarrollo a convertirse en una oficina de operaciones negras destinada a pisotear la autonomía de la Universidad Autónoma de Nayarit. Lo que ocurre hoy en la FEUAN no es una disputa democrática, sino un asalto frontal operado desde la estructura del Estado. Con una torpeza política alarmante, el INJUVE ha decidido revivir las prácticas más oscuras del porrismo, utilizando el acoso y la coacción para doblegar la voluntad de un sector estudiantil que se resiste a ser un títere del gobierno en turno.
La imposición de Wilber Cervantes Fernández, un «fósil» que a sus 32 años se aferra a las estructuras universitarias, es la cara visible de un proyecto que huele a rancio. Es inadmisible que funcionarios públicos, pagados con los impuestos de los nayaritas, dediquen sus horas laborales a hostigar a jóvenes consejeros en los municipios, sembrando miedo y división. La violencia ya no es solo retórica; las agresiones físicas sufridas por consejeros de preparatoria son el resultado directo de una retórica de odio y desesperación de un grupo que, sabiéndose minoría en el Consejo de la FEUAN, ha decidido que, si no puede ganar por los votos, ganará por los golpes.
Este escenario pone en una posición sumamente comprometida al gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero. Mientras el mandatario pregona en cada plaza el respeto absoluto a la autonomía universitaria, sus propios subordinados en el INJUVE arrastran el prestigio de su administración por el lodo de la intromisión. Si el gobernador no pone un freno inmediato a Mendoza Esparza, el silencio será interpretado como una complicidad tácita. No se puede hablar de una «nueva era» en Nayarit cuando los métodos para controlar a la juventud siguen siendo las mismas bajezas del pasado: el engaño, la amenaza y el uso faccioso del poder institucional.
La participación de Ángel Aldrete Lamas añade una capa de cinismo a esta crisis. Identificado con los colores de Movimiento Ciudadano y el grupo de Nacho Flores, Aldrete parece haber encontrado en el INJUVE el caballo de Troya perfecto para infiltrar intereses electoreros en la Máxima Casa de Estudios. Es una burla para la militancia de Morena y para los universitarios que personajes ajenos al proyecto de transformación estatal sean quienes dicten la línea operativa, engañando a los estudiantes con el falso argumento de que «es orden del gobernador» respaldar a un bloque de vividores del presupuesto estudiantil.
Resulta repulsivo que, en pleno 2026, la política juvenil del estado se reduzca a la manipulación de procesos internos universitarios. El INJUVE ha abandonado su misión de atender las necesidades de los jóvenes nayaritas para convertirse en una agencia de colocación de operadores políticos. Esta intervención burda no solo fractura la paz institucional de la UAN, sino que insulta la inteligencia de una generación que ya no está dispuesta a callar ante los caprichos de burócratas que ven en la universidad un botín político para sus ambiciones personales.
La crisis de legitimidad que atraviesa Mendoza Esparza es insalvable. Un funcionario que permite que su personal agreda a estudiantes de bachillerato no tiene la altura ética para representar a la juventud de Nayarit. La UAN ha luchado décadas por sacudirse el yugo de los grupos de poder externos; permitir que hoy el INJUVE dicte quién debe dirigir a la FEUAN es retroceder cuarenta años en la historia democrática del estado. La autonomía universitaria es sagrada y no puede ser moneda de cambio para acuerdos en lo oscurito entre exdirigentes desacreditados y funcionarios hambrientos de control.
Finalmente, la comunidad universitaria debe mantenerse en alerta máxima ante este embate. La resistencia contra la imposición de Wilber Cervantes y la mano negra del INJUVE es, en el fondo, la defensa del derecho de los estudiantes a elegir su propio destino sin la tutela de agentes externos. O se expulsa la política partidista de las aulas o se entrega la universidad a las garras de un autoritarismo disfrazado de renovación. La historia juzgará a quienes hoy, desde la comodidad de una oficina estatal, intentan incendiar la estabilidad de la institución educativa más importante de Nayarit.

