Por Carlos Hartig.
La industria azucarera en Nayarit atraviesa uno de sus momentos más críticos, derivado de una movilización nacional que ha llevado al cierre estratégico de las bodegas de almacenamiento en los ingenios del estado. J. Guadalupe Guzmán Rodríguez, presidente de la CNPR del Ingenio El Molino, confirmó que esta medida responde a una instrucción directa de la Unión Nacional de Cañeros, en conjunto con la CNC, para frenar la comercialización interna de azúcar. El objetivo primordial es presionar a los grupos industriales que se han negado a cumplir con las cuotas de exportación hacia Estados Unidos y el mercado mundial, una omisión que ha saturado el mercado nacional y ha provocado un desplome alarmante en los ingresos de las familias productoras.
El impacto financiero para los cañeros nayaritas es devastador, reportándose una caída de hasta el 35% en el valor de la tonelada de caña, lo que sitúa a muchos productores por debajo de sus costos operativos. Guzmán Rodríguez explicó que, mientras en el mercado estadounidense la tonelada de azúcar se cotiza alrededor de los 12 mil pesos, en el mercado mundial el precio apenas alcanza los 6 mil pesos. Al no exportarse el excedente, el azúcar se queda en México, forzando una baja de precios que impide cubrir los gastos básicos de producción, mantenimiento de maquinaria y jornales, poniendo en riesgo la viabilidad de la presente zafra.

A nivel internacional, el sector enfrenta una competencia que consideran desleal bajo el marco del Tratado de Libre Comercio. El dirigente señaló que existe una disparidad alarmante en el intercambio comercial: mientras México permite la entrada de aproximadamente 1.4 millones de toneladas de alta fructosa provenientes de Estados Unidos, las exportaciones de azúcar mexicana hacia el vecino país se han visto restringidas a niveles históricos, pasando de más de un millón de toneladas a escasas 186 mil en el último periodo. Esta situación no solo desplaza al azúcar natural de las industrias refresqueras y alimenticias, sino que debilita la soberanía alimentaria del país al favorecer edulcorantes artificiales.
Además de las cuotas de exportación, los productores han manifestado su preocupación por el impacto de los productos de contrabando y las importaciones legales de bajo costo desde Centroamérica. Aunque celebran que el Gobierno Federal haya incrementado los aranceles a la importación en un 156% para nivelar los costos, los líderes cañeros insisten en que se debe vigilar estrechamente la calidad de lo que ingresa al país. Según Guzmán Rodríguez, el azúcar de la región, particularmente la de El Molino, destaca por su blancura, dulzura y pureza, contrastando con el producto extranjero que suele ser más oscuro y presentar residuos de bagazo, lo que afecta la confianza del consumidor final.
En el ámbito social, la parálisis del sector azucarero no es un tema menor, ya que representa el motor económico de más de 200 municipios en 15 estados del país. En Nayarit, la derrama económica de la caña sostiene comercios, servicios y miles de empleos directos e indirectos en las zonas rurales. «Estamos hablando de millones de empleos a nivel nacional; si la industria colapsa, los municipios que viven de esto perderán su principal sustento», advirtió el líder de la CNPR. Por ello, hacen un llamado a que la opinión pública comprenda que el bloqueo de bodegas es una medida de supervivencia para proteger un patrimonio histórico del campo mexicano.
La relación con el Gobierno Federal se encuentra en una etapa de diálogo expectante tras la presentación de un pliego de cuatro acuerdos fundamentales ante la Presidencia de la República. Los productores buscan que el Estado Mexicano actúe como mediador y garante para que los dueños de los ingenios cumplan con la ley y las cuotas de exportación de manera equitativa. Se espera que en los próximos días se emita una resolución oficial que dé certidumbre al sector, pues hasta ahora, aunque hay disposición de las secretarías de Economía y Agricultura, las soluciones tangibles no han llegado a las cuentas bancarias de los cañeros.
Un punto que genera fricción interna es el hecho de que ingenios como El Molino han cumplido cabalmente con sus obligaciones de exportación, pero aun así enfrentan el bloqueo de sus bodegas. El dirigente local aclaró que esta acción se realiza por estricta solidaridad nacional para evitar que el azúcar de los ingenios «cumplidores» sea utilizada por el mercado para evadir la presión. «Sabemos que es injusto para las empresas que hacen las cosas bien, pero si no presionamos en conjunto, los ingenios que no exportan seguirán hundiendo el precio para todos», afirmó, dejando claro que la unidad del gremio es su única herramienta de negociación.
Finalmente, el futuro del movimiento dependerá de la firma de convenios concretos entre los líderes nacionales y el Poder Ejecutivo. Mientras no existan garantías de que el excedente de azúcar saldrá del país para equilibrar el precio interno, las bodegas permanecerán cerradas. Los productores nayaritas aseguran tener la resistencia necesaria para mantener la guardia, evitando en lo posible el cierre de carreteras para no afectar a la ciudadanía, pero firmes en la consigna de no liberar un solo saco de azúcar hasta que se respete el valor real de su trabajo y el esfuerzo de miles de campesinos.

