Por Carlos Hartig.
Nayarit ha dejado de ser una promesa para convertirse en un motor imparable del panorama turístico mexicano. Al cierre del primer trimestre de 2026, el estado se ha posicionado firmemente en el segundo lugar nacional en ocupación hotelera en destinos de playa, promediando un sólido 72.1%. Esta cifra coloca a la entidad en una competencia directa con Quintana Roo, superando a centros tradicionales como Los Cabos y Puerto Vallarta, y confirmando que el Pacífico mexicano tiene un nuevo referente de competitividad.
Este ascenso meteórico responde a una estrategia de inversión sin precedentes en la historia del estado. Con una cartera de proyectos que supera los 5,500 millones de dólares, Nayarit está transformando su fisonomía mediante la creación de infraestructura de lujo y ultra-lujo. Esta inyección de capital no solo se refleja en la arquitectura, sino en la economía real: el turismo ya representa más del 30% del Producto Interno Bruto (PIB) estatal, consolidándose como la columna vertebral del desarrollo económico regional.
A nivel global, el prestigio del destino ha alcanzado niveles de reconocimiento de élite. Recientemente, publicaciones internacionales de la talla de Forbes Travel Guide han incluido a Nayarit en su selecta lista de los 20 mejores lugares para visitar en el mundo en 2026. Este galardón se suma a la recomendación de Condé Nast Traveler, que destaca a la entidad como uno de los dos únicos destinos mexicanos imprescindibles para el mercado norteamericano, subrayando su capacidad para ofrecer exclusividad sin perder su esencia natural.
Un factor determinante en este éxito es la modernización de la conectividad aérea. La transformación del Aeropuerto Internacional de Tepic-Riviera Nayarit ha sido un cambio de juego, permitiendo la recepción de vuelos directos desde nodos estratégicos como Los Ángeles, Dallas y Vancouver. Con una nueva terminal de 18,000 metros cuadrados y una torre de control de vanguardia, el estado ha eliminado las barreras logísticas para atraer a un perfil de viajero internacional de alto poder adquisitivo que busca acceso directo a la costa.
Sin embargo, el atractivo de Nayarit va mucho más allá de sus playas de renombre mundial. El estado ha sabido capitalizar su riqueza cultural y geográfica a través de sus nueve Pueblos Mágicos, que ofrecen desde la mística de la cultura Wixárika en la sierra hasta la tradición pesquera de San Blas. Esta diversificación permite que la derrama económica, que este año se estima supere los 6,000 millones de pesos, se distribuya de manera más equitativa, beneficiando a comunidades que antes quedaban fuera del radar turístico tradicional.
La sostenibilidad se ha convertido en el eje transversal de esta expansión. Bajo el modelo de «Turismo con Sentido Social», el gobierno estatal y la iniciativa privada han implementado políticas de protección ambiental que aseguran que el crecimiento hotelero no comprometa los ecosistemas locales. El desarrollo de nuevos complejos está sujeto a normativas estrictas de conservación, buscando que Nayarit se convierta en el primer estado de México reconocido mundialmente por un modelo de lujo regenerativo y responsable.
Con la mirada puesta en el cierre de 2026, las proyecciones indican que Nayarit continuará rompiendo récords de afluencia, con una expectativa de superar los 10 millones de visitantes. La campaña internacional «Paradise keeps going» ha logrado posicionar la marca estado en los mercados más exigentes de Europa y Asia, asegurando que la bonanza actual no sea un fenómeno pasajero, sino el inicio de una era dorada donde Nayarit lidera la vanguardia de la industria turística nacional.

