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Por Ricardo Reyes.
Mientras el ganado de los productores nayaritas se desangra literalmente por las larvas del gusano barrenador, el gobierno estatal emite un comunicado de manual: “manténganse alerta”. La respuesta oficial ante una plaga que amenaza la economía rural, la salud animal y, potencialmente, la humana, se reduce a un llamado genérico y un número telefónico. Poco más que un parche ante un problema que huele a negligencia acumulada.
El comunicado gubernamental reconoce que el gusano barrenador puede afectar “al ganado, animales domésticos e incluso a las personas”, y recomienda revisar diariamente las heridas y acudir “de inmediato” al veterinario o a una Unidad de Salud. Lo que no dice es por qué, en pleno 2026, Nayarit enfrenta nuevamente esta amenaza que ya había sido controlada en décadas pasadas en gran parte del continente. La pregunta incómoda es evidente: ¿dónde estuvo la prevención, la vigilancia epidemiológica y los programas de esterilización de machos estériles que en otros tiempos sirvieron para contener la plaga?

En lugar de un plan integral, recursos extraordinarios o una campaña masiva de información y fumigación, los ganaderos y dueños de mascotas reciben un mensaje reactivo que traslada la responsabilidad directamente a la ciudadanía. “Actúen a tiempo”, dice el gobierno que debería haber actuado con anticipación. Mientras tanto, cada animal afectado representa pérdidas económicas directas para familias que viven del campo, además del sufrimiento innecesario de las bestias.
Especialistas en sanidad animal han señalado reiteradamente que el gusano barrenador se expande cuando fallan los mecanismos de control, el abigeato deja heridas abiertas sin tratar o simplemente se relajan las campañas permanentes. Que ahora el gobierno se limite a pedir reportes al 311 216 22 63 suena más a llamada de auxilio que a estrategia de contención.
La población merece mucho más que recomendaciones de sentido común disfrazadas de política pública. Exige un diagnóstico real de cómo llegó la plaga a este nivel, un fondo de emergencia para productores afectados y acciones concretas de erradicación, no solo un volanteo de “revisen sus heridas”.
Hasta ahora, el gobierno de Nayarit parece más preocupado por contener la narrativa que por contener al parásito. Mientras tanto, las larvas siguen comiendo tejido vivo en el campo nayarita.

