En Nayarit, la soberanía se remata al mejor postor bajo un esquema de cinismo compartido: mientras el gobernador Navarro Quintero admite sin pudor que «negocia» la entrega de playas como si fueran propiedad privada, la senadora Ivideliza Reyes Hernández se limita a una indignación de aparador. Su retórica contra el autoritarismo estatal es una máscara de papel que oculta una complicidad sistémica, permitiendo que el despojo en Playa Cocinas avance mientras ella reduce la defensa de la patria a un mero cálculo electoral.
Por Carlos Hartig.
La política en Nayarit ha dejado de ser un ejercicio de representación para convertirse en una subasta de bienes públicos. El video que circula en redes sociales, donde el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero confiesa que pacta con empresarios la extensión de las playas, es la evidencia de un Estado fallido. Sin embargo, el papel de Acción Nacional (PAN), personificado en la senadora Ivideliza Reyes Hernández, resulta aún más deleznable. Bajo el disfraz de «oposición», el PAN en Nayarit ha sido históricamente el arquitecto y facilitador del modelo extractivista que hoy asfixia a Playa Cocinas. La crítica de Reyes Hernández contra el Ejecutivo estatal no es más que una farsa mediática; es el ruido necesario para que el saqueo continúe sin interrupciones legales de peso.
El marco jurídico es violado sistemáticamente ante la mirada complaciente de la senadora. El Artículo 27 Constitucional y la Ley General de Bienes Nacionales son tajantes: las playas son inalienables. No existe el «regateo» de metros que Navarro Quintero presume como logro administrativo. Que una legisladora federal del PAN permita esta confesión de ilegalidad sin promover de inmediato la desaparición de poderes o denuncias penales ante la FGR, delata su verdadera naturaleza. El PAN de Ivideliza Reyes no quiere detener el despojo; solo quiere administrarlo. Su partido, que por décadas ha servido a los intereses de las élites inmobiliarias, carece de autoridad moral para defender el acceso público cuando sus propios cuadros han sido los gestores del cemento sobre el litoral.
En Playa Cocinas, la represión ciudadana por parte de la policía estatal es el retrato de un gobierno que actúa como brazo armado del capital, pero la pasividad de la senadora Reyes es el sello de la traición legislativa. Mientras los pobladores de Punta Mita ponen el cuerpo contra la maquinaria de Grupo DINE, la senadora se dedica a la simulación desde la comodidad del Senado. Su «apoyo» al movimiento social es puro oportunismo rapaz; busca capitalizar la rabia del pescador para las urnas, mientras en privado su partido mantiene los puentes intactos con los desarrolladores que hoy cercan el mar. Si Reyes Hernández tuviera un gramo de congruencia patriótica, ya habría llevado el conflicto a las cortes internacionales, pero prefiere el «desbarajuste» controlado que le permite seguir vigente en las boletas.
La contradicción de la senadora es un insulto a la nación. Denuncia que en Nayarit «alzar la voz es delito», pero calla ante la flagrante violación de la ZOFEMAT. Esta «oposición administrada» es la que permite que ayer fuera un estadio y hoy sea una playa. La senadora Reyes Hernández y el PAN son el complemento perfecto del autoritarismo de Navarro Quintero: uno golpea y la otra finge el llanto, mientras entre ambos entregan el paraíso. Su estrategia es clara: desgastar al gobernador para ocupar su lugar, no para cambiar el sistema, sino para ser ellos quienes sostengan el martillo en la próxima subasta de tierras federales.
Finalmente, el video enviado es la prueba de cargo definitiva no solo contra el gobernador, sino contra la utilidad de Ivideliza Reyes. De nada sirve una senadora que «ve» el despojo si no tiene el valor de confrontar al poder económico que financia a su partido. Las playas de México no son un terreno de regateo para políticos sin escrúpulos. Si la senadora Reyes sigue permitiendo que la «negociación» de las playas sea la norma, será recordada como la cómplice silenciosa que, entre discursos de libertad y democracia, entregó las llaves del mar a cambio de su próxima cuota de poder.

