En una histórica exhibición de músculo político y social, miles de trabajadores liderados por el SUTSEM y la Sección 20 del SNTE desbordaron Tepic este 1 de mayo para denunciar la sistemática criminalización de la protesta bajo el gobierno de Miguel Ángel Navarro Quintero. El frente sindical, que sumó la combatividad del SITRAyD CONALEP, exigió el cese inmediato al hostigamiento judicial y el respeto irrestricto a los contratos colectivos ante un Ejecutivo estatal que apuesta por la confrontación. Con la consigna “protestar no es un crimen”, la clase trabajadora advirtió que no dará ni un paso atrás en la defensa de su dignidad y autonomía.
Por Carlos Hartig
El sol de mayo en Tepic no solo calentaba el asfalto; encendía los ánimos de una masa humana que decidió transformar el calendario oficial en un juicio de calle. Desde las siete de la mañana, el centro de la capital comenzó a vibrar con un murmullo que pronto se convirtió en estruendo. No era un desfile de cortesía ni una caminata de celebración; era la columna vertebral de Nayarit —sus maestros, sus enfermeros, sus burócratas— saliendo de las sombras de las oficinas para plantarle cara a un Palacio de Gobierno que hoy se siente más lejano y hostil que nunca.

Al frente de la marea, con el paso firme de quien sabe que lleva el respaldo de la base, aparecieron las banderas del SUTSEM y la Sección 20 del SNTE. La estampa era poderosa: Oscar Flavio Sedano Saucedo y los liderazgos magisteriales caminaban flanqueados por trabajadores que, entre consignas, lanzaban una advertencia clara a Miguel Ángel Navarro Quintero. «El poder es pasajero, pero nosotros nos quedamos», gritaba un trabajador mientras sostenía una pancarta donde se leía que manifestarse no es delinquir, sino un acto de valentía necesaria frente a la cerrazón estatal.
El aire se llenaba de un sentimiento de injusticia compartida que asfixiaba más que el calor. Entre los contingentes, el SITRAyD CONALEP se abría paso con una energía desbordante, sumando sus voces a la denuncia generalizada contra la criminalización de la protesta que ha marcado este sexenio. El sentimiento de persecución flotaba en el ambiente; se hablaba en voz alta de los compañeros vinculados a proceso injustamente, de las carpetas de investigación utilizadas como «garrote» y de una administración que ha cambiado el diálogo por la amenaza judicial.
La marcha era un río de colores y reclamos, pero sobre todo de una unidad que parecía inquebrantable. El binomio del SUTSEM y la Sección 20 del SNTE funcionaba como un imán para el descontento: cada paso dado sobre la Avenida México era un recordatorio de que los derechos laborales no son concesiones del Gobernador Navarro, sino conquistas arrancadas a la historia. «Navarro debe entender que no somos criminales, somos conciencia», exclamaba un orador desde un altavoz móvil, mientras la multitud respondía con un estruendoso: «¡Unidad, unidad, unidad!».
No hubo sector que se quedara callado ante lo que calificaron como un «atropello sistemático» a las libertades sindicales. La presencia del SITRAyD CONALEP reforzaba la idea de que la educación y la administración pública en Nayarit están bajo asedio administrativo. Los manifestantes señalaban directamente al Palacio de Gobierno como el origen de una política de amedrentamiento que busca desmantelar los contratos colectivos. Las gargantas irritadas evidenciaban que la paciencia se ha agotado y que la autonomía sindical no se negocia bajo presión.
El momento de mayor carga emotiva ocurrió cuando los contingentes de jubilados del SUTSEM cruzaron frente al templete principal. Esos hombres y mujeres, que ya han dado su vida al servicio del estado, marchaban con una dignidad que obligaba a los más jóvenes a redoblar el grito de lucha. Ver a la experiencia del SUTSEM unirse con la fuerza operativa y la estructura de la Sección 20 del SNTE era la prueba fehaciente de que la estrategia de división intentada desde el Ejecutivo ha fracasado rotundamente ante la urgencia de defender el patrimonio de las familias nayaritas.

Llegando al corazón de la protesta, el discurso fue demoledor y sin matices diplomáticos. Se criticó la falta de sensibilidad de una administración que, en lugar de conciliar, tilda de «criminales» a quienes mueven la maquinaria del estado diariamente. La advertencia fue tajante: la clase trabajadora está más viva que nunca y no permitirá que se vulnere el derecho a la libre expresión ni que se sigan restando conquistas mediante el uso faccioso de las instituciones de justicia que deberían estar para proteger al ciudadano.
A lo largo de diez cuadras de lucha, el SUTSEM y la Sección 20 del SNTE demostraron ser los únicos contrapesos reales ante un gobierno que ha cerrado las puertas al entendimiento. Los maestros y trabajadores estatales denunciaron que, mientras el discurso oficial habla de progreso, en las bases existe un clima de miedo e incertidumbre por la precariedad laboral impuesta. El SITRAyD CONALEP se mantuvo firme en el bloque, evidenciando que la resistencia ha permeado en todos los niveles del sector educativo y de servicios.
La crónica de este primero de mayo no fue la de un festejo de aniversario, sino la de una rebelión pacífica pero decidida. Cada bandera ondeada era un desafío a la figura de un gobernador que, a juicio de los manifestantes, ha preferido la confrontación al respeto constitucional. El sudor en las frentes y el cansancio en los pies no mermaron la energía de un movimiento que se siente agraviado pero fortalecido por su propia unidad, una unidad que hoy tiene nombres propios: SUTSEM y Sección 20.
Al caer la tarde, la plaza quedó impregnada de un mensaje que Navarro Quintero no podrá ignorar en su oficina. Los gremios demostraron que, ante el autoritarismo, la única respuesta legítima es la calle y la organización masiva. El 1 de mayo en Tepic terminó con un silencio expectante, pero con la firme convicción de que la clase trabajadora ha decidido que no dará ni un solo paso atrás, sellando así una jornada donde la dignidad sindical venció, al menos por hoy, al intento de silencio estatal.

