Por Javier Zapata.
Hay que decirlo sin rodeos: esto ya no es solo ausencia o omisión, es distracción institucional en su forma más grave.
La reciente localización de cuerpos y osamentas en las inmediaciones de Xalisco y Tepic por parte del colectivo Buscadores Unidos Nayarit no irrumpe como novedad, sino como confirmación. Confirmación de que la verdad sigue emergiendo desde la tierra… pero no desde las oficinas. La entrevista con el colectivo vuelve a exhibir lo que el discurso oficial intenta diluir: mientras la Comisión de Búsqueda de personas Desaparecidas en Nayarit y la Fiscalia especializada, se encuentran en descanso los hallazgos se derivan de información anónima, no de inteligencia institucional. Es la sociedad, no el Estado, quien está trazando el mapa de la muerte.

Xalisco y Tepic arrastran antecedentes claros, patrones reiterados de desaparición, zonas señaladas por los propios colectivos, indicios que se han acumulado durante años. No es falta de información; es falta de acción. Cada punto intervenido por Buscadores Unidos Nayarit pudo haber sido procesado con metodología forense, cadena de custodia y acompañamiento institucional. No lo fue. Y esa omisión tiene responsables.
Pero hay un elemento que agrava el escenario y que ya no puede pasar desapercibido: mientras los colectivos localizan restos humanos con base en denuncias anónimas, las autoridades encargadas de buscar, localizar e integrar carpetas de investigación permanecen atrapadas en otra agenda. Una agenda de discurso político, de posicionamientos, y más delicado aún, de imposición en la continuidad del cargo dentro de la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas del Estado de Nayarit.
La insistencia en la reelección de la titular de la CBDP, en medio de este contexto, no solo resulta inoportuna; resulta profundamente cuestionable.
Porque no se trata de un debate administrativo, sino de resultados. Y los resultados hoy están siendo entregados por quienes no tienen obligación legal de hacerlo, pero sí una urgencia moral que supera a cualquier estructura institucional.
Aquí hay una fractura evidente: por un lado, colectivos que operan y encuentran con riesgo, recursos limitados y una legitimidad construida en el dolor; por el otro, autoridades cuya presencia se diluye disfrutando el salario y descansos, entre discursos y decisiones políticas que no dialogan con la realidad del terreno. Esa desconexión no es menor. Es el síntoma de una institucionalidad que ha perdido el eje.
La información anónima que condujo a estos hallazgos abre otra línea crítica: ¿dónde están los mecanismos de recepción, análisis y procesamiento de datos? ¿Quién está fallando en la integración de inteligencia? Porque cuando un dato ciudadano resulta más eficaz que toda una estructura oficial, el problema ya no es de capacidad, es de voluntad o de diseño institucional.
“Mientras los colectivos buscan, el poder se reelige”.
Y en ese contexto, sostener o imponer continuidades, sin una evaluación pública, transparente y basada en resultados, no fortalece a la institución; la debilita. La vuelve rehén de intereses que nada tienen que ver con la búsqueda de personas desaparecidas.
Lo ocurrido en Xalisco y Tepic no es un episodio aislado. Es una alerta.
Una más. Pero también es un punto de quiebre: o se reconfigura la actuación institucional con seriedad, profesionalismo y rendición de cuentas, o se seguirá delegando en los colectivos una responsabilidad que nunca debió salir del Estado.
“Voz en guardia” hoy implica algo más que denunciar: Implica exigir con claridad. Porque mientras la tierra sigue hablando, hay quienes, desde el poder, siguen sin escuchar… o peor aún, eligen no hacerlo.
“Mientras la tierra revela la verdad, el poder se ocupa de perpetuarse”.
“México ante el espejo: fosas que hablan en Nayarit y un poder que impone en repetirse”.

