Por Javier Zapata.
Por años, el discurso oficial en México ha intentado domesticar la tragedia. Cambian cifras, se reformulan registros, se anuncian estrategias. Pero hay algo que no cambia, la impunidad. Y hoy, no lo dicen colectivos, ni activistas lo confirma el propio Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, el mayor reclamo de las familias no es solo encontrar a sus desaparecidos, sino que alguien responda por ellos.
“No es un matiz menor. Es el núcleo del problema”.

La reciente visita de Türk y su reunión con la presidenta Claudia Sheinbaum colocan al Estado mexicano frente a un espejo incómodo; más de 130 mil personas desaparecidas, una crisis forense colapsada y niveles de impunidad que rondan el 95%.
En ese contexto, hablar de voluntad política sin resultados tangibles se vuelve una narrativa insuficiente.
Porque la impunidad no es una consecuencia: es una estructura del sistema actual.
“México: cuando el dolor no encuentra justicia, cuando las manos sangran de rasgar la tierra”.
El Alto Comisionado no llegó a México a descubrir la crisis, sino a constatar su profundidad. Escuchó testimonios, dialogó con víctimas, y el diagnóstico fue claro; la tragedia no solo es humanitaria, también es institucional.
Las familias buscan con sus propias manos. Las fiscalías investigan poco o nada. Y los responsables materiales e institucionales rara vez enfrentan consecuencias.
El mensaje de la ONU es contundente; Sin rendición de cuentas efectiva, no hay salida.
Esto implica algo más que discursos:
- Investigar con autonomía real;
- Sancionar a funcionarios omisos o cómplices;
- Romper pactos de silencio entre crimen y autoridad;
- Fortalecer capacidades forenses y de búsqueda.
“Pero sobre todo, implica voluntad de incomodar al poder”.
“Nayarit, el espejo local de una crisis nacional”.
“Si México vive una crisis estructural, Nayarit no es la excepción es parte del síntoma, de una ausencia y de simulación como estrategia”.
En el estado, las desapariciones no siempre ocupan titulares nacionales, pero sí marcan territorios completos: Tepic, Bahía de Banderas, Santiago Ixcuintla. Colectivos de búsqueda han denunciado durante años:
- Carpetas de investigación inactivas
- Falta de personal especializado
- Revictimización institucional
- Ausencia de coordinación real entre fiscalía y comisión de búsqueda
- Simulación de Atención a Víctimas.
Y aquí es donde el señalamiento de Türk cobra dimensión local;
la impunidad en Nayarit no solo existe, se normaliza como estrategia.
Porque cuando no hay sanción, hay repetición.
“Cuando no hay justicia, hay mensaje: se puede desaparecer sin consecuencias”.
“El choque político:
Negar o transformar”.
El gobierno federal ha rechazado partes del informe del Comité contra la Desaparición Forzada, calificándolo de “tendencioso”.
Pero el problema no desaparece desacreditando diagnósticos internacionales. Al contrario; se profundiza cuando se politiza.
Hoy México enfrenta una disyuntiva real:
- Defender la narrativa institucional
o - Asumir la magnitud de la crisis y reformar de fondo
Porque incluso el propio Türk evitó confrontaciones directas, apostando por cooperación técnica. Pero la diplomacia no puede sustituir la justicia.
Voz en Guardia: Lo que sigue!
La exigencia ya no es ambigua. No es abstracta. Tiene nombre y dirección:
Justicia.
No basta con buscar cuerpos.
No basta con crear comisiones.
No basta con reconocer el dolor.
Mientras la impunidad siga siendo la regla, el Estado seguirá siendo parte del problema.
En Nayarit, como en todo México, la pregunta no es cuántos desaparecidos hay.
La verdadera pregunta es:
¿Quién va a responder por ellos?
Y más aún:
¿Quién va a romper el pacto de impunidad que los mantiene desaparecidos incluso después de encontrados?zapata.nayarit@gmail.com

