Por Carlos Hartig.
La tensión social en la península de Punta de Mita ha alcanzado un punto de ruptura definitivo. Residentes nativos de las comunidades de Punta de Mita e Higuera Blanca han formalizado un acuerdo asambleario para ejecutar un cese total de actividades y el cierre de los principales nodos viales que conectan la Carretera Federal con la zona peninsular el próximo lunes 27 de abril. Esta movilización, descrita como un levantamiento civil pacífico pero firme, surge tras años de lo que la comunidad califica como una «omisión administrativa» sistemática que ha favorecido al desarrollo turístico por encima de los derechos fundamentales de la población local.
El detonante de esta crisis es una profunda indignación por la gestión desigual del agua potable y la progresiva privatización del litoral. Según el reporte de análisis de conflicto, existe una disparidad crítica en la distribución del recurso hídrico, donde la infraestructura de los grandes complejos turísticos recibe prioridad absoluta mientras los hogares de las familias locales enfrentan un desabasto constante. Para los habitantes, el agua ha dejado de ser un servicio básico para convertirse en un privilegio exclusivo de la industria hotelera, vulnerando su derecho humano elemental y generando un estado de «hartazgo» generalizado.
A la crisis hídrica se suma la indignación por las obras de construcción en Playa Cocinas, donde se reporta la instalación de estructuras de piedra a escasos metros de la línea de costa. La comunidad denuncia que estos trabajos no solo representan un atentado ecológico que altera la rompiente de las olas y el flujo natural del agua, sino que funcionan como la antesala para la restricción definitiva del paso al público. Esta táctica de «privatización de facto» ya ha sido observada en zonas aledañas como Ranchos, alimentando el temor de un daño irreversible a la biodiversidad y al carácter público de las playas mexicanas.
El pasado domingo 19 de abril, la tensión escaló cuando la marea alcanzó una zona de excavación destinada a un muro de roca, lo que obligó a los trabajadores a intentar bombear el agua fuera de la fosa. Ante este hecho, un grupo de ciudadanos acudió a documentar la situación, logrando que las labores fueran suspendidas momentáneamente mientras denunciaban el impacto directo en la remoción de arena y suelo marino. El sentimiento de desplazamiento es profundo; los habitantes reportan con dolor la destrucción de entornos naturales vinculados estrechamente a su infancia y raíces locales, sacrificados ante el avance de construcciones que no contemplan el bienestar comunitario.
La jornada de protesta está programada para iniciar a las 07:00 horas del lunes y amenaza con paralizar la movilidad de trabajadores y la operación logística de la zona turística más importante del estado. El objetivo político es claro: atraer la atención de medios nacionales e internacionales para desmentir la narrativa de «Punta de Mita Privada» y exigir la intervención inmediata de la SEMARNAT, la PROFEPA y autoridades de gestión hídrica para auditar las concesiones y los accesos a la zona federal. Los manifestantes han sido enfáticos en que la suspensión de labores es un recurso de última instancia ante la falta de interlocutores con capacidad real de decisión administrativa.
De no establecerse una mesa de diálogo efectiva antes del lunes, la zona de la península corre el riesgo de quedar incomunicada por tiempo indefinido, afectando severamente la imagen del destino a nivel global. La advertencia de los colectivos es una señal de alerta para el gobierno estatal y federal: la comunidad no busca el conflicto por el conflicto mismo, sino el reconocimiento de que el desarrollo económico no puede estar por encima de los derechos humanos básicos de la gente nativa. El desenlace de esta jornada marcará un precedente crucial sobre la justicia social y ambiental en los polos turísticos de México.

