Premiar el fracaso… y aspirar a más: Óscar Medina López y la política sin consecuencias en Tepic
Por Ricardo Reyes.
En Tepic, fracasar en la función pública no solo no tiene consecuencias… puede ser el mejor trampolín político. Si alguien dudaba de ello, basta con mirar el caso de Óscar Isidro Medina López, hoy regidor y —como si nada hubiera pasado— aspirante a diputado local.
Porque sí, en la política nayarita parece que siempre se puede ir más arriba, incluso cuando el pasado pesa.
Su paso por el SIAPA no dejó precisamente una historia de eficiencia. Dejó colonias sin agua, ciudadanos hartos y una crisis que golpeó directamente la vida cotidiana de miles de familias. Mientras la gente resolvía como podía —comprando pipas, almacenando agua o simplemente aguantando—, la respuesta institucional fue, en el mejor de los casos, insuficiente.
Pero en Tepic, el fracaso no cierra puertas. Las abre. Hoy, Medina López no solo ocupa una regiduría, sino que ya perfila su siguiente movimiento político: una diputación local. Y ahí es donde la pregunta deja de ser incómoda para volverse urgente: ¿con qué argumentos se busca ese salto?
¿Con los resultados en servicios públicos?
¿Con el desempeño en el Cabildo?
¿O con el respaldo de un sistema que sigue premiando lealtades por encima de resultados?
Porque si algo queda claro, es que aquí no estamos ante una trayectoria de méritos, sino ante una carrera sostenida por inercias políticas.
En el Cabildo, su papel tampoco ha marcado diferencia. No hay una agenda sólida que lo distinga, ni resultados que cambien la percepción pública. Lo que sí persiste es la imagen de confrontación, de grilla interna y de una política que parece más interesada en posicionarse que en resolver.
Y aun así, la ambición crece. La aspiración a una diputación local no solo revela confianza política, sino también una preocupante desconexión con la realidad ciudadana. Porque mientras Tepic enfrenta problemas estructurales —servicios deficientes, colonias abandonadas, rezago urbano—, hay quienes ven esos mismos escenarios como plataformas para seguir escalando.
Lo verdaderamente grave no es que aspire. En política, aspirar es legítimo. Lo grave es que pueda hacerlo sin que su historial represente un obstáculo real.
Eso habla menos de una persona… y más de todo un sistema. Óscar Medina López no es la excepción. Es la regla. Es el reflejo de una política que no castiga errores, que no exige resultados y que, en cambio, recicla perfiles hasta el desgaste total.
Y mientras eso no cambie, Tepic seguirá atrapado en el mismo ciclo: el de funcionarios que fallan… pero nunca se van.

