Por Ricardo Reyes.
En medio de su evidente aspiración a la gubernatura de Nayarit para 2027, la presidenta municipal Geraldine Ponce anunció con bombo y platillo una “alianza estratégica” con la Red “Transformando Vidas”, integrada por 25 centros de rehabilitación. La foto con legisladores Adriana Haro y Jorge “Fugio” Ortiz, los discursos sobre “tejer el tejido social” y el respaldo institucional suenan bien en redes, pero revelan más una estrategia de posicionamiento político que una solución real al grave problema de las adicciones en la capital nayarita.
Mientras Ponce presume que su administración “no será ajena” a los esfuerzos ciudadanos y que el gobierno debe “estar a la altura” cuando la sociedad se moviliza, la realidad en Tepic y Nayarit pinta otro panorama. El consumo de cristal (metanfetaminas) es alarmante: según reportes locales, 9 de cada 10 personas que llegan a centros de rehabilitación presentan adicción a esta droga. El alcohol y el cannabis siguen siendo las sustancias de mayor consumo entre jóvenes, y el estado ha registrado incrementos notables en la demanda de tratamiento. Lejos de una “reconstrucción social” integral, lo que se observa es un problema de salud pública y seguridad que crece año con año, con vínculos directos a desapariciones y delincuencia.
La Red “Transformando Vidas” opera 25 centros de rehabilitación “de manera voluntaria”. Sin embargo, el sector de los anexos en México arrastra una larga sombra de irregularidades: falta de regulación sanitaria, denuncias recurrentes de abusos, métodos cuestionables y condiciones precarias en muchos establecimientos. Entregarles “resguardo preventivo” de la Secretaría de Seguridad Pública, apoyo logístico para brigadas de limpieza y, sobre todo, capacitación de la Brigada Forestal municipal para que jóvenes en rehabilitación cuiden el medio ambiente, suena más a mano de obra barata disfrazada de “reinserción” que a un programa profesional y supervisado.
¿Dónde está la evidencia de que estos centros cumplen estándares mínimos de atención médica, psicológica y de derechos humanos? ¿Quién auditará que el apoyo municipal no termine subsidiando operaciones opacas? El anuncio omite estas preguntas incómodas y prefiere enfocarse en la Carrera por las Adicciones 5K de junio, un evento deportivo familiar que, aunque simbólico, difícilmente resolverá la adicción estructural cuando faltan políticas públicas serias de prevención, tratamiento certificado y seguimiento post-rehabilitación.
Geraldine Ponce enfatiza que “el deporte es una de las herramientas más poderosas” para alejar a la juventud de las sustancias. Nadie discute el valor del deporte, pero convertirlo en el eje central mientras se delega la rehabilitación a una red de centros privados voluntarios parece más un acto de desresponsabilización del gobierno que de “política de Desarrollo Social transversal”. La seguridad, la ecología y la rehabilitación no se resuelven con brigadas forestales ni carreras 5K cuando el cristal sigue destruyendo familias y comunidades enteras en Tepic.
Esta alianza llega en un momento políticamente oportuno para la alcaldesa, quien ya levanta la mano para la gubernatura y ha sido criticada por presunto uso de recursos públicos en promoción personal. Anuncios como este sirven para proyectar imagen de cercanía con la “sociedad civil organizada”, pero dejan en el aire dudas sobre eficacia, transparencia y resultados medibles.
Mientras tanto, los tepicenses siguen enfrentando la crudeza diaria: jóvenes perdidos en las adicciones, familias desesperadas que recurren a anexos por falta de opciones públicas de calidad y un gobierno municipal que prefiere la narrativa de “trabajar de la mano” antes que asumir con recursos y regulación propia la magnitud del problema.
La “Alianza por la Vida” se ve más como Alianza por la Foto y el posicionamiento electoral. Tepic merece mucho más que discursos bonitos y eventos deportivos: necesita una estrategia real, profesional y transparente contra las adicciones, no un parche voluntario que disimula la ausencia de políticas públicas contundentes. Hasta ahora, las palabras de Ponce suenan huecas frente a una crisis que no se transforma con alianzas mediáticas.

