Por Ricardo Reyes.
Mientras los tepiqueños lidian con baches, fugas de agua y una administración municipal que promete “transformación” pero entrega más selfies que soluciones, el regidor Óscar Isidro Medina López (Morena, demarcación 5) sigue demostrando que su verdadera vocación no es el servicio público, sino el negocio privado. De pastelero a político profesional, Medina ha convertido su paso por el Ayuntamiento en una extensión más de su portafolio empresarial.
La joya de la corona sigue siendo Pasteles Las Glorias (o “Pastelería Gloria”, como la conocen muchos en la ciudad), el negocio familiar que el propio Medina ha mantenido activo mientras cobra como regidor. Un establecimiento que, lejos de ser un simple recuerdo de sus orígenes humildes, se ha vuelto símbolo de la doble vida del funcionario: por un lado, el “hombre del pueblo” que posa en redes sociales; por el otro, el empresario que nunca dejó de atender su caja registradora.
Pero la trayectoria de Medina no es solo de harina y merengue. Es una masterclass en oportunismo político. Pasó del PRI al PAN y aterrizó en Morena como quien cambia de camisa según sople el viento. En 2021, cuando era director de Servicios Públicos Municipales bajo la misma Geraldine Ponce a la que ahora apoya “con convicción familiar”, ya era señalado por regidores —incluido Iván Petrovich— como prepotente, ineficiente y más preocupado por ignorar oficios que por resolver problemas de las colonias.
Hoy, como regidor morenista, la crítica no ha cambiado: lo acusan de no hacer nada por Tepic, de costarle dinero al municipio y de aparecer únicamente cuando huele a candidatura o a foto con la 4T. Vacaciones, posteos en redes y nula rendición de cuentas. Eso sí, su pastelería sigue horneando roscones y pasteles de tres leches mientras el regidor promete “visión” para que Tepic crezca.
¿Coincidencia que un regidor con historial de quejas por abuso de autoridad y lentitud administrativa mantenga un negocio visible en la ciudad? Para muchos tepiqueños, no. Es la prueba de que Medina nunca dejó de ser empresario; simplemente añadió al Ayuntamiento a su lista de clientes cautivos… pagados con dinero público.
En un gobierno que dice combatir la corrupción y el nepotismo, Óscar Medina representa lo peor del viejo sistema con nuevo logo morenista: el político que usa el cargo para blindar sus intereses personales. De pastelero a regidor, sí. Pero sobre todo, de oportunista a oportunista con fuero.
Los ciudadanos de Tepic merecen regidores que resuelvan problemas, no que horneen excusas mientras su pastelería sigue facturando. ¿Hasta cuándo Morena seguirá premiando a este tipo de perfiles? La respuesta, como siempre, la tienen que dar las urnas… y los tepiqueños ya empiezan a hartarse del sabor a decepción.

