Tepic, Nayarit (RRC): En la antesala del proceso electoral de 2027, los nombres comienzan a moverse en el tablero político de Nayarit. Pero entre las cartas que algunos grupos intentan posicionar, hay perfiles que no representan renovación, sino exactamente lo contrario: la insistencia en lo mismo que ya no funciona.
Ahí aparece Marisol Sánchez Navarro, con una trayectoria marcada por la rotación constante en cargos públicos —regidora, diputada, funcionaria estatal y nuevamente legisladora—, su eventual proyección rumbo a 2027 no despierta entusiasmo, sino dudas. No por falta de experiencia, sino por la ausencia de resultados que respalden una aspiración mayor.
Porque en política, no basta con estar; hay que demostrar y ese ha sido, precisamente, el gran vacío en su carrera. Hoy, desde su posición como coordinadora de la bancada del Partido del Trabajo en el Congreso local, Sánchez Navarro tiene reflectores, pero no necesariamente legitimidad construida a partir de logros. Su nombre suena en ciertos círculos, sí, pero más como una pieza dentro de acuerdos internos que como una figura con arrastre ciudadano.
En el ajedrez electoral, eso pesa. Y mucho, rumbo a 2027, el electorado será más exigente. La narrativa de “trayectoria” sin resultados empieza a agotarse. La gente ya no solo observa cuántos cargos ha ocupado un político, sino qué hizo con ellos. Y ahí es donde perfiles como el de Marisol Sánchez enfrentan su mayor debilidad.
Porque mientras otros actores comienzan a construir discurso, presencia territorial y agenda pública, su figura permanece en una zona cómoda: sin confrontar, sin arriesgar, sin destacar, una estrategia que, en tiempos electorales, suele ser sinónimo de derrota anticipada.
Además, su eventual candidatura —de concretarse— cargaría con el peso de representar a un partido cuya fuerza depende más de alianzas que de estructura propia, lo que limita aún más su margen de maniobra frente a competidores con mayor posicionamiento.
El riesgo para su grupo político es evidente: apostar por un perfil sin narrativa sólida ni conexión real con la ciudadanía puede convertirse en un error costoso en las urnas.
Y es que 2027 no será una elección de trámite. Será un escenario donde la simulación política difícilmente encontrará espacio. Donde los candidatos serán medidos no por su cercanía con las cúpulas, sino por su capacidad de generar confianza.
En ese contexto, la pregunta no es si Marisol Sánchez quiere competir. La pregunta es si realmente tiene con qué hacerlo.
Porque en política, el reciclaje tiene un límite. Y Nayarit parece estar cada vez más cerca de alcanzarlo.

