Por Ricardo Reyes.
En una semana marcada por rumores que buscan debilitar la dirigencia nacional de Morena, la presidenta municipal de Tepic, Geraldine Ponce, envió una carta a la presidenta del partido, Luisa María Alcalde Luján, en la que hace un llamado a la “unidad” en torno a los valores de la Cuarta Transformación y las enseñanzas de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum.
Lejos de proyectar fortaleza, la misiva parece más bien un intento por contener el fuego interno que consume al movimiento en Nayarit. Ponce, quien se perfila como una de las principales aspirantes a la gubernatura en 2027, reconoce el liderazgo de Alcalde y retoma las palabras de Sheinbaum sobre la unidad como principio para “defender al pueblo mexicano”. Sin embargo, este llamado llega en un contexto donde la división es más que evidente.



En Nayarit, las tensiones entre la alcaldesa de Tepic y el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero han escalado en las últimas semanas, con reportes de choques crecientes dentro de la 4T. Al mismo tiempo, durante una reciente visita de Luisa Alcalde al estado, un ciudadano la confrontó directamente acusando que en Nayarit “Morena roba, miente y traiciona”, señalando incluso a figuras cercanas a Ponce como parte del problema. La dirigente nacional evitó confrontar el reclamo de frente, lo que solo ha alimentado la percepción de que el partido mira hacia otro lado ante las quejas locales.
Críticos dentro y fuera del movimiento cuestionan si esta carta no es más que un ejercicio de posicionamiento personal de Ponce, quien busca consolidarse como la candidata natural de Morena pese a las voces que exigen evitar “nepotismo sentimental” y mayor rendición de cuentas. Mientras Ponce invoca la unidad y las enseñanzas de López Obrador, en la realidad el partido en Nayarit se ve fragmentado: pugnas con el gobernador, reclamos de corrupción y traición, y una dirigencia nacional que parece más ocupada en apagar incendios que en resolver las causas profundas.
Este tipo de cartas, llenas de retórica transformadora, contrastan con la imagen de “alcaldes de lujo” que persigue a Ponce y con las encuestas que, aunque la favorecen en algunos sondeos, también reflejan un desgaste en su imagen ante sectores del propio partido.
En lugar de fortalecer al movimiento, el episodio deja la sensación de que en Morena Nayarit la unidad se invoca precisamente porque brilla por su ausencia. Mientras la dirigencia nacional y las figuras locales se envían cartas y mensajes de apoyo mutuo, la base y los ciudadanos observan con escepticismo cómo la Cuarta Transformación en el estado parece más una disputa de egos y posiciones que un proyecto colectivo.
La carta de Geraldine Ponce a Luisa Alcalde puede sonar a armonía, pero en el fondo revela las grietas profundas que amenazan con fracturar aún más a Morena rumbo a 2027 en Nayarit.

