Por Ricardo Reyes.
En medio de la creciente polarización por la gubernatura de Nayarit, Tepic se perfila no como un proyecto serio de gobierno, sino como una moneda de cambio para políticos que no logren su objetivo principal. Lejos de construirse propuestas sólidas para la capital del estado, lo que se observa es un reparto anticipado de candidaturas como “premios de consolación” entre aspirantes derrotados.
El caso más evidente se da en Morena, donde figuras como Elizabeth López Blanco y Adahán Casas Rivas mantienen aspiraciones a la gubernatura, aunque en los círculos políticos se da por hecho que no lograrán la candidatura. Ante ese escenario, Tepic aparece como el “plan B”, evidenciando que el municipio no es prioridad, sino refugio político.
Incluso Casas Rivas podría optar por mantenerse en el Congreso local, con la posibilidad de coordinar la bancada, en una jugada que, aunque estratégica, confirma que los cargos públicos se negocian más como posiciones de poder que como responsabilidades ciudadanas.
En la misma línea, el diputado Luis Enrique Miramontes surge como otra ficha que podría ser movida hacia Tepic, no por arraigo o proyecto municipal, sino por intereses de grupo ligados al senador Pavel Jarero.
Pero quizá el escenario más cuestionado es el que involucra a la actual alcaldesa Geraldine Ponce. Si no consigue la candidatura al gobierno estatal, versiones apuntan a que su pareja, Alejandro Galván, podría ser impulsado para la alcaldía, lo que en los hechos representaría una reelección disfrazada y un claro intento de perpetuarse en el poder.
En la oposición, la situación no es muy distinta. El panista Rodolfo Pedroza se perfila como la principal carta en caso de una alianza, aunque su posicionamiento dependerá más de acuerdos cupulares que del respaldo ciudadano.
Por su parte, en Movimiento Ciudadano, el regidor Luis Zamora busca capitalizar su crecimiento electoral, aunque su discurso de cambio aún enfrenta dudas tras su desempeño previo.
El Partido del Trabajo tampoco queda exento de la lógica de cuotas, con Raúl López moviendo piezas desde la negociación interna más que desde el contacto con la ciudadanía.
Finalmente, el PRI apuesta por Paola Vargas, quien intenta posicionarse como una opción competitiva, aunque su partido carga con el desgaste histórico que difícilmente podrá ocultar.
Así, el panorama rumbo a 2027 en Tepic deja más dudas que certezas. Los nombres sobran, pero las propuestas escasean. La capital nayarita corre el riesgo de convertirse nuevamente en rehén de intereses políticos, donde las candidaturas no se construyen con visión de futuro, sino como consuelo para quienes no alcanzaron la cima.

