Por Ricardo Reyes.
En medio de años de abandono y deterioro en las escuelas públicas de la región norte de Nayarit, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero se presentó en la primaria Emiliano Zapata de la localidad de Tierra Generosa para “iniciar” una intervención integral que, según críticos, llega con retraso y se reduce a demoliciones parciales y anuncios futuros que generan más dudas que certezas.
El mandatario presumió el derribo de estructuras riesgosas, la construcción de un nuevo bardeo y un acceso “adecuado”, obras mínimas que cualquier administración responsable debería haber realizado hace años, cuando las instalaciones ya representaban un peligro para las niñas y niños que asisten diariamente. En lugar de entregar una escuela digna de inmediato, Navarro anunció que regresará en aproximadamente dos meses y medio para colocar un domo, un plazo que muchos ven como otra dilación típica en un estado donde las promesas educativas se acumulan sin resultados tangibles.

Además, habló de dotar el plantel de sillas, pintarrones y computadoras, y de fortalecer las cocinas escolares a través del DIF estatal, encabezado por su esposa, la doctora Beatriz Estrada Martínez. Esta coordinación familiar entre gobierno y DIF ha sido cuestionada en el pasado por falta de transparencia en la ejecución de programas como el de Alimentación Escolar, que en numerosas comunidades nayaritas sigue enfrentando irregularidades y desabasto.
“Se atienden las necesidades con acciones concretas”, afirmó el gobernador. Sin embargo, para habitantes y observadores locales, esta visita parece más un acto de propaganda que una respuesta estructural al rezago educativo en Tecuala y municipios aledaños. La primaria Emiliano Zapata no es un caso aislado: reportes recurrentes señalan infraestructura deficiente, riesgos de seguridad y condiciones inadecuadas que afectan el aprendizaje, mientras el gobierno estatal prefiere llegar con eventos mediáticos y compromisos a futuro en vez de prevenir el deterioro.
En un contexto donde Nayarit arrastra problemas de abandono escolar, baja calidad educativa y planteles que llevan lustros sin mantenimiento adecuado, esta “intervención integral” luce más como un parche electoral o de imagen que como una política seria de transformación. Dos meses y medio más de espera para un domo, mientras los niños continúan estudiando bajo el sol o la lluvia, resumen la lentitud y la improvisación con la que el gobierno de Navarro Quintero maneja la educación básica en las zonas más vulnerables.
La comunidad de Tierra Generosa merece mucho más que anuncios y visitas esporádicas. Exige escuelas seguras, funcionales y equipadas hoy, no dentro de “aproximadamente dos meses y medio”. Mientras tanto, las niñas y niños de Tecuala seguirán pagando las consecuencias de una administración que reacciona tarde y promete más de lo que, hasta ahora, ha demostrado cumplir.

