Por Carlos Hartig.
El cierre de la Semana Santa 2026 en Bahía de Banderas ha dejado un sabor amargo que ni las toneladas de moluscos regalados en Bucerías pudieron disimular. Mientras las familias de tres víctimas mortales enfrentaban el duelo por tragedias en la Carretera Federal 200 y en las traicioneras corrientes de Sayulita y Bucerías, el Gobierno Municipal optó por el espectáculo por encima de la solemnidad. La indignación ciudadana estalló al viralizarse imágenes de las máximas autoridades bailando y lanzando ostiones desde un escenario, una estampa de frivolidad que contrasta dolorosamente con el llanto de quienes perdieron a un ser querido en un operativo de seguridad que, a todas luces, fue rebasado por la búsqueda de la foto política.
El principal señalado en esta crisis de empatía es el presidente municipal, Héctor Santana García, cuya administración ha sido duramente criticada por no decretar ni un minuto de silencio ni ajustar el tono festivo ante las fatalidades confirmadas. A Santana se le cuestiona no solo la participación activa en el «show», sino la falta de un liderazgo que priorizara el luto institucional. La narrativa oficial de «éxito turístico» chocó de frente con la realidad de una carretera federal colapsada y playas donde la vigilancia pareció insuficiente ante la magnitud de la afluencia, dejando una percepción de que para el Ayuntamiento, la derrama económica vale más que la vida humana.

La responsabilidad operativa recae directamente sobre Karina Carrillo, titular de la Dirección de Seguridad Ciudadana y Tránsito, y Víctor Samaniego, director de Protección Civil y Bomberos de Bahía de Banderas. Ambos funcionarios, encargados constitucionales de salvaguardar la integridad de locales y visitantes, fueron captados en funciones de «animadores» en el Festival del Ostión en momentos donde los protocolos de emergencia debían estar en su punto más crítico. La crítica técnica es feroz: ¿cómo pueden los mandos operativos coordinar rescates o gestionar el caos vial de la Carretera 200 si su atención y presencia física estaban comprometidas en la logística de un baile masivo?
Los datos duros desmienten el discurso de eficiencia: un choque frontal en el kilómetro 115 de la Carretera 200 y dos muertes por inmersión marcan el saldo de una semana que debió ser de prevención absoluta. Ciudadanos y colectivos locales denuncian que elementos de la Policía Municipal y Protección Civil fueron desviados de sus zonas de vigilancia estratégica para servir como vallas humanas y personal de apoyo en el festival. Esta desatención en puntos negros de accidentabilidad vial y zonas de mar abierto con banderas rojas evidencia una preocupante negligencia administrativa donde se sacrificó la seguridad operativa por el lucimiento de la agenda social del alcalde.
Hoy, lunes 6 de abril, el ambiente en la Riviera Nayarit es de una resaca amarga. La exigencia de una rendición de cuentas clara hacia Héctor Santana, Karina Carrillo y Víctor Samaniego crece en el Cabildo y en las plazas públicas. No se critica la realización de un festival tradicional, sino la alarmante incapacidad de estas autoridades para separar la gestión del entretenimiento de la sagrada responsabilidad de proteger la vida. Bahía de Banderas cierra su temporada alta no con banderas blancas, sino con el estigma de una administración que, entre el baile y el brindis, olvidó que su cargo le obliga, antes que a festejar, a cuidar y a respetar el dolor de su gente.

