Por Lalo Porras Ortiz.
*Cinismo incorruptible.
*Un verde muy oscuro.
*¿izquierda?, solo el PT
*Ni PAN, ni PRI, ¡solo México!
*Ni ganadores, ni perdedores.
Aquí les presente mi opinión…
Hay algo más resistente que la corrupción, más persistente que la violencia y más indignante que la impunidad: el cinismo.
Ese que se pasea orondo por las mañaneras, por las conferencias, por los spots reciclados cada tres años.
Ese que nos quiere vender un país que no existe.
Un México donde no pasa nada, donde todo está bajo control, donde los problemas son… percepción.
Mientras tanto, allá afuera, la realidad se encarga de desmentirlos: balazos, contaminación, hospitales sin medicinas, bolsillos apretados y un miedo que ya se volvió rutina.
Pero no pasa nada.
Nunca pasa nada.
Porque la clase política —esa que muta de colores pero no de mañas— encontró la fórmula perfecta: reinventarse sin cambiar.
Cambian el discurso, no las prácticas.
Cambian el eslogan, no el fondo. Cambian de enemigo, pero no de privilegios.
Y nosotros, espectadores de esta tragicomedia, atrapados en un bucle que huele a resignación.
La historia se repite… porque se lo permitimos.
Porque entre la indignación momentánea y el olvido conveniente, ellos tienen el terreno libre para seguir jugando a la política como si fuera un negocio familiar… Y lo es.
¿Hasta cuándo?
La pregunta ya suena vieja.
Casi tan vieja como las promesas incumplidas.
Despertar, dicen.
Pero México parece más cómodo en la modorra.
Más resignado al “así ha sido siempre”. Más dispuesto a sobrevivir que a exigir.
Y en ese letargo colectivo, el absurdo alcanza niveles grotescos: resulta más fácil imaginar el regreso de Hitler promoviendo su libro, que a una ciudadanía organizada poniendo un alto.
¡Despierta México!
No es consigna… Es urgencia.
Pero en ese país adormecido, los políticos no descansan.
Ellos sí están muy despiertos.
Calculando… Moviendo piezas.
Preparando el siguiente engaño.
Ahí aparece Alejandro Moreno, Alito para la banda, intentando resucitar al PRI… pero no con autocrítica, sino con estrategia de colmillo.
Ya no busca recuperar a los votantes que se fueron con Morena.
Esa batalla la dan por perdida.
Ahora el tiro es otro: arrebatarle al PAN lo poco que le queda de oxígeno.
Una jugada quirúrgica: debilitar al aliado para volverlo indispensable.
Porque si el PAN no puede solo, tendrá que regresar, humillado si se quiere, a los brazos del PRI en 2027.
En estados clave… En elecciones clave… En un escenario donde la oposición no compite… sobrevive.
Pero para que esa jugada funcione, Alito necesita algo más que discurso: necesita demostrar que puede hacer daño.
Y ahí entra lo más interesante —o lo más preocupante— del tablero.
Los coqueteos con gobernadores de Morena.
Sí, leyó bien… El enemigo ayudando a debilitar al aliado del enemigo.
Política en estado puro.
O en estado podrido, según se mire.
Porque mientras en público se gritan, en privado se necesitan.
Mientras se acusan, también se coordinan.
Y mientras el país arde, ellos juegan ajedrez con piezas humanas.
No es nuevo… Ya lo hemos visto.
El poder no se suelta, se negocia,
se protege… se recicla.
Y en ese reciclaje permanente, el ciudadano no es prioridad. Es instrumento.
Por eso ni el PRI ni el PAN parecen realmente interesados en disputar el voto morenista.
No porque no quieran… sino porque no pueden… O no les conviene.
Enfrentar al oficialismo implicaría hablar en serio de seguridad, de violencia, de crimen organizado… Y ese tema, hoy por hoy, no solo es delicado… es intransitable.
Sobre todo cuando la relación con Estados Unidos pesa más que cualquier discurso de campaña.
Así que mejor se pelean entre ellos, más cómodo, más rentable… menos peligroso.
Mientras tanto, el país sigue esperando… Esperando justicia,
esperando resultados.
Esperando, quizá, un despertar que no termina de llegar.
Y ellos, felices, porque mientras México duerme… “la política”hace negocio.
Escuche una frase que me llamo la atención, una frase que le escuche hace 30 años; Defendamos a México con estrategia, mmmm suena algo hueco, primero; porque como Institución política tiene sus propias reglas y no son de Estado, segundo; porque suena muy morenista, ya que morena para los morenos, aunque existan otros…
En medio de las negociaciones de la propuesta, el PT y el Verde tienen en la mirada las gubernaturas de Oaxaca, Zacatecas y San Luis Potosí, incluso el PVEM pidió publicamente agregar a sus aspirantes a las encuestas que realizará Morena para las elecciones del 2027, donde se renovarán 17 gubernaturas y las 500 diputaciones federales.
Aunque en la última elección federal de 2024 ambos partidos quedaron en el último lugar de votos obtenidos, ahora han adquirido fuerza política en el Congreso de la Unión y son los que deciden qué reforma constitucional se avala, cuál se rechaza o cuál se modifica.
Su poder se reflejó con las últimas iniciativas constitucionales de Sheinbaum. El PT y el PVEM no han acompañado la propuesta electoral de la presidenta, por lo que la primera versión fue rechazada y el «Plan B» aún no tiene garantizados los votos, lo que retrasó su discusión.
Su Plan B fracaso porque simplemente atentaba contra sus dos aliados, el Partido Verde de Manuel Velasco y el Partido del Trabajo de Alberto Anaya.
Era una reforma que los disminuiría en la promoción Presidencial por la famosa revocación.
Desde luego que los votos o la promoción que pediría la señora Presidenta si se hubiese aprobado, simplemente sería para Morena y ni uno solo para los aliados.
Ello los llevaría a una muerte anunciada en esas elecciones venideras del primer domingo de junio del 2027 que se juegan 17 gubernaturas, los 500 diputados federales para renovar la Cámara de Diputados y cientos de alcaldías.
Dicen los que saben que en Palacio Nacional desde que llego esta administración, han estado sonando deshacerse de la chiquillada, es decir del Partido Verde y del Partido del Trabajo porque no aportan y si piden en extremo.
Por ejemplo, trascendió que para el 2027, el Partido Verde quiere la gubernatura de San Luis Potosí, para la esposa del actual gobernador, Ricardo Gallardo. También quieren Zacatecas para Carlos Puente y Quintana Roo para el senador Eugenio Segura que lo quieren meter de cachirul como si fuera de Morena. El plan b, es que si no lo aceptan, entonces enviarían a la alcaldesa de Cancún, Ana Paty Peralta con la camiseta del Verde.
También quieren encabezar la candidatura de Nuevo León con el empresario y senador, Waldo Fernández, una entidad del norte que la define el empresariado por el PRI-PAN llevan al presidente municipal de Monterrey, Adrián de la Garza y por Movimiento Ciudadano que gobiernan con Samuel García, quiere empujar a su esposa Mariana y su adversario con mayor ventaja es el senador Luis Donaldo Colosio.
Mientras que el Partido del Trabajo de Alberto Anaya, los negocios son su fuerte, saben ellos del PT y los del Verde que su fuerza seguirá intocable hasta el 2027 que es el plazo de la Cámara de Diputados, pues sin sus votos, Morena simplemente no podría sacar las reformas constitucionales que requieren dos tercios de los 500.
En junio Morena agendó su calendarización para dar inicio a designar las 17 gubernaturas, será la fecha fatal para conocer si le cobrará las facturas al Verde y PT o si cederá los caprichos de sus aliados.
Luisa María Alcalde afirmó que no apoyarán candidaturas para familiares de actuales gobiernos, obviamente tres gubernaturas, Saul Monreal Zacatecas, Félix Salgado Macedonio de Guerrero y Ruth González de San Luis Potosí.
En un país donde abundan los aliados que cobran por adelantado y se esconden a la primera tormenta, el gesto no es menor… Tampoco es gratuito, la lealtad, en política, rara vez se escribe con tinta moral; suele redactarse con números, reformas y oportunidad.
Pero conviene decirlo con claridad: el Verde no está jugando a ser comparsa… ¡es totalmente la comparsa de morena!…
vender algo muy cotizado en el mercado de la gobernabilidad: estabilidad.
Suena menos romántico que “transformación”, pero suele durar más.
Pero precisamente por eso su papel hoy merece atención.
Porque cuando todos calculan el costo electoral de cada paso, sostener una reforma impopular entre las élites también es una forma de mandar mensaje.
El mensaje es este: aquí estamos, aquí votamos, aquí no nos doblamos tan fácil.
En un país fatigado de simulaciones, ese tipo de conducta —aunque venga de donde menos se esperaba— tiene un valor político concreto.
No redime. No santifica. Pero ordena.
Y en la política, cuando la casa cruje, a veces el mérito no es decorarla: es quedarse a sostener el techo.
No todos los aliados sirven cuando llega la hora de cargar el peso.
Me equivoco; sí hay un perdedor.
Lo es el federalismo que muy orondo se plantea en el artículo 40 de la manoseada Constitución, que a la letra dice: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica y federal, compuesta por Estados libres y soberanos en TODO lo concerniente a su régimen interior”.
(Las mayúsculas son una cortesía de su servidor).
Pues a partir de que lo resuelto en San Lázaro se publique en el Diario Oficial de la Federación, eso ya no vale.
El número de integrantes de los congresos de los estados “libres y soberanos” —así se llaman—, su presupuesto y los emolumentos de sus representantes del pueblo, quedan establecidos según el texto que alguien pergeñó y la señora Sheinbaum firmó y mandó a que lo aprobaran.
Lo mismo sucede con el número de regidores y síndicos de los cabildos de los municipios “libres” en todo México, sus pesos y centavos según la austeridad morena.
Victoria pírrica, no hay duda.
No alcanza para que el Pirro vencedor de hoy repita la frase histórica: “otra victoria como esta y me regreso solo a mi casa”, pero es un triunfo que se inscribe en la tendencia del cuatrote, que es reproducir el modelo del viejo PRI: centralista, monárquico, omnímodo, piramidal, con un discurso disfrazado de democrático e incluyente y con una práctica de poder personalizado en un gran Huey Tlatoani, “el de la voz”.
Sí, ya sé: la de la voz.
Gracias por su atención.

