Por Carlos Hartig.
La narrativa oficial de un Nayarit próspero se estrella de frente contra una realidad estadística asfixiante. Mientras el gobierno de Miguel Ángel Navarro celebra una tasa de desocupación del 1.9% —cifra que envidiarían economías desarrolladas—, el análisis de fondo revela un mercado laboral podrido por la precariedad. No es que los nayaritas no trabajen; es que se ven obligados a aceptar cualquier esquema para no morir de hambre. Nayarit se posiciona hoy con una informalidad laboral del 56.2%, superando la media nacional. Esta cifra no es un logro, es el síntoma de un Estado que ha fallado en atraer inversiones de alto valor, refugiándose en un sector servicios que, según parámetros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), carece de los pilares del «trabajo decente»: seguridad, protección social y perspectivas de desarrollo personal.

A nivel internacional, el contraste es de escándalo. Bajo los estándares de la OIT, el empleo en la entidad no cumple con los objetivos de justicia social; mientras la OCDE sugiere que el salario y la productividad deben ir de la mano, en Nayarit el ingreso promedio mensual apenas ronda los $9,090 MXN. La brecha de género es una herida abierta: aunque el estado tiene una alta participación laboral femenina, estas son las más vulnerables a la pobreza laboral, que afecta al 22.3% de la población total. Esto significa que dos de cada diez familias nayaritas, a pesar de tener un empleo, no generan los ingresos suficientes para cubrir siquiera la canasta básica alimentaria, un dato que la asociación México, ¿cómo vamos? califica como un «semáforo rojo» permanente que el gobierno intenta ignorar.

Desde el corazón académico, investigadores de la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) advierten que el crecimiento de puestos en el IMSS (apenas 3,778 nuevos empleos en el arranque de 2026) es meramente inercial. Académicos de la UAN señalan que la falta de vinculación entre la oferta educativa y la demanda industrial ha convertido a la entidad en una «maquiladora de servicios» de baja remuneración. La crítica es contundente: el gobierno se ha dedicado a administrar la pobreza en lugar de detonar la riqueza, permitiendo que la industria manufacturera siga en picada mientras el comercio al por menor —el sector más inestable— sostiene el 14.3% de la economía estatal, obligando a los egresados a huir del estado para encontrar salarios dignos.

La desigualdad no es uniforme, sino que se ensaña con la periferia de los 20 municipios. Mientras Bahía de Banderas y Tepic concentran la actividad económica, presentan también los mayores costos de vida. En contraste, municipios como Del Nayar, La Yesca y Huajicori presentan tasas de informalidad que rozan el 85%. En particular, Huajicori se ha convertido en el epicentro de la tragedia, donde la inseguridad desbordada y los homicidios han paralizado la poca actividad productiva existente. La OIT ha enfatizado que no hay desarrollo económico sin paz social, y en el norte de Nayarit, la ausencia de Estado ha dejado a la población a merced de la violencia y el abandono oficial que prefiere callar antes que pacificar.
La parálisis económica en Huajicori es el testimonio más crudo de un Estado fallido; estimaciones de cámaras de comercio sugieren que la violencia ha provocado el cierre del 40% de los pequeños negocios y una pérdida de inversión local superior a los 25 millones de pesos en el último semestre. El comercio minorista y el acopio agrícola, motores de la zona serrana, se han detenido debido a las extorsiones y el control de rutas por grupos criminales, convirtiendo el «empleo» en un concepto inexistente. Esta fuga de capitales no aparece en las gráficas alegres del gobernador, pero condena a Huajicori a una recesión forzada por el plomo, donde la única opción laboral es la ilegalidad ante la ausencia total de la Guardia Nacional y la policía estatal.
La administración estatal presume un «semáforo verde» en generación de empleo, pero ignora deliberadamente que la tasa de subocupación se disparó al 9.6%. Esto implica que más de 62 mil nayaritas tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas porque lo que ganan no les alcanza para vivir. Es una burla estadística llamar «éxito» a una situación donde la clase trabajadora está sobreexplotada y mal pagada. El gobierno debe dejar de colgarse medallas por cifras de ocupación que solo reflejan la desesperación de un pueblo que no tiene el lujo de estar desempleado y que termina en la informalidad, contraviniendo las recomendaciones internacionales de la OIT sobre la transición necesaria hacia la formalidad económica.
Para las y los observadores internacionales, Nayarit es el ejemplo perfecto de la «trampa del ingreso medio»: un estado que trabaja mucho, produce poco valor agregado y cuya administración prefiere la propaganda sobre la cruda realidad. Si no se recupera la seguridad en zonas críticas como Huajicori y no se combate frontalmente la informalidad en los 20 municipios, el estado seguirá siendo un paraíso para el turismo de lujo extranjero, pero un calvario de pobreza laboral para los nayaritas. La estadística no puede seguir siendo el escudo de un gobierno que le ha fallado a sus trabajadores, ignorando que el empleo sin seguridad y sin salario digno es, en esencia, una forma de exclusión institucionalizada.

Brecha Salarial y Pobreza Laboral por Sector (Nayarit 2026)
Sector Económico
Ingreso Promedio Mensual (MXN)
Brecha Salarial (H vs M)
Tasa de Informalidad
Turismo (B. de Banderas)
$11,200
14%
42%
Servicios (Tepic)
$9,400
18%
51%
Agrícola (Norte/Sierra)
$5,800
26%
88%
Manufactura
$8,900
12%
35%
Fuentes: INEGI (ENOE 2026), Data México, México ¿cómo vamos?, Centro de Estudios de la UAN, OIT (Observatorio del Mundo del Trabajo), OCDE Employment Outlook.

