Por Carlos Hartig.
En una exhibición contundente de la quiebra de la política social en la entidad, la activista Mirosalva Ibarra Ávalos, figura central en la defensa de los derechos de las mujeres y la infancia, encabezó este miércoles 25 de marzo de 2026 una movilización ciudadana que, bajo el nombre de «Caravana con Causa», desnudó una cruda realidad: el Estado de Nayarit ha abandonado sistemáticamente a las mujeres embarazadas. Ibarra Ávalos transformó la colecta de insumos en un severo juicio político frente a las puertas del Congreso Local, denunciando que la gestión gubernamental es «nula, indolente y cómplice» de la pobreza extrema y la violencia obstétrica que sufren las gestantes en la región.
La movilización, que logró una inusitada unidad entre clubes de motociclistas, ciclistas, transportistas y grupos religiosos, puso en evidencia que es la sociedad organizada la que está subsidiando las funciones más elementales que la Constitución mandata al Ejecutivo y Legislativo estatal. Con la autoridad de años de activismo a ras de suelo, Ibarra Ávalos fustigó la «indiferencia institucional» que mantiene a miles de mujeres sin acceso a nutrición básica ni seguridad social. Ante la ausencia de un padrón de apoyo real, las ONGs se ven obligadas a mendigar pañales y alimentos para evitar tragedias humanas que el presupuesto público simplemente ignora.
El discurso de la activista escaló en agresividad hacia el Congreso del Estado de Nayarit, al que acusó de mantener una parálisis legislativa criminal. «Solicitamos políticas públicas reales, no promesas de escritorio; exigimos que diseñen programas porque hoy el apoyo es inexistente», sentenció. Para la prensa nacional, este reclamo resuena como un síntoma de un estado fallido en su deber de cuidado, donde la falta de armonización con las leyes generales de salud y el nulo presupuesto asignado para 2026 condenan a Nayarit a ser un agujero negro de discriminación institucional contra la mujer embarazada.

Un punto neurálgico fue la denuncia de la violencia estructural. Ibarra Ávalos fue enfática al señalar que Nayarit no puede presumir «paz social» mientras la violencia —física e institucional— se ensañe con las madres y sus hijos. La Caravana no fue un acto de caridad, sino un pronunciamiento político: el Estado es el primer violador de derechos al negar condiciones seguras para la crianza. La «paz» que promueven los discursos oficiales es, para las activistas, una simulación que no llega a los hogares donde falta el sustento básico y sobra el miedo a la discriminación.
La estructura del movimiento destaca por su carácter ciudadano y apartidista, logrando lo que ningún partido ha podido: la suma de la Iglesia Católica y congregaciones de diversas denominaciones bajo una misma causa. Este respaldo multisectorial evidencia un contraste incómodo para el Gobierno Estatal; mientras la ciudadanía se une sin etiquetas bajo el mando de líderes como Ibarra Ávalos, el aparato gubernamental se limita a concesiones mediocres, como la autorización de apenas 15 minutos de presencia en plazas públicas, una limosna de tiempo frente a una eternidad de omisiones legislativas.
Pese a reconocer el apoyo logístico de Vialidad y Protección Civil durante la jornada, Ibarra Ávalos mantuvo su postura de confrontación hacia el Ejecutivo. Recalcó que la facilitación de una marcha no sustituye la necesidad de un sistema de salud digno. La movilización subrayó que la gestión de la crisis de cuidados en Nayarit está recayendo desproporcionadamente en el voluntariado, mientras los recursos públicos parecen perderse en la burocracia, alimentando la sospecha de una incompetencia terminal en las secretarías encargadas del bienestar social.
Finalmente, Mirosalva Ibarra Ávalos reafirmó que el activismo no dará un paso atrás y que los «líderes nacionales» son los ciudadanos que hoy toman las calles ante la ausencia de representantes reales en el Congreso. Con un mensaje directo a la prensa nacional, advirtió que la vigilancia sobre el destino de los recursos será implacable. La Caravana con Causa cierra este trimestre con una advertencia clara al poder político: la maternidad en Nayarit ya no se vivirá en la sombra ni en el desamparo, y el Estado omiso será señalado internacionalmente hasta que la dignidad se convierta en ley.

