Por Ricardo Reyes.
El gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero dio el banderazo de salida al Operativo Vacacional Semana Santa 2026 desde la explanada del histórico Exconvento de la Cruz, acompañado de un séquito de autoridades de los tres órdenes de gobierno.
El mandatario presumió que se espera la llegada de casi un millón de visitantes y una derrama económica superior a los 6 mil millones de pesos, destacando que Nayarit ocupa el segundo lugar nacional en gasto promedio por turista según el INEGI. Se instalaron 17 módulos de atención en zonas estratégicas —norte, sur y franja costera— para “brindar orientación y apoyo”.
Sin embargo, detrás de las cifras optimistas y el discurso de “orden, atención y tranquilidad”, persisten serias dudas sobre la capacidad real del gobierno para garantizar una experiencia segura a los vacacionistas y a las familias nayaritas que dependen del turismo.
Apenas semanas antes, Nayarit vivió momentos de tensión por la violencia derivada de operaciones contra el crimen organizado en la región del Pacífico, incluyendo disturbios en carreteras y zonas aledañas a la Riviera Nayarit, uno de los principales atractivos turísticos del estado. El propio gobierno ha tenido que mantener operativos permanentes de “bloqueo y antibloqueo” para impedir el ingreso de grupos delictivos provenientes de Jalisco y Sinaloa. La percepción de inseguridad en destinos turísticos del país sigue siendo uno de los principales retos para el sector en 2026, y Nayarit no es la excepción.
Mientras el gobernador subraya que la seguridad es “tarea compartida” y exhorta a municipios y ciudadanos a cuidar el entorno, la realidad muestra que la entidad ha enfrentado críticas recurrentes por el manejo de la seguridad pública, la limpieza en zonas turísticas y la protección efectiva de las carreteras, donde la movilidad alta durante Semana Santa multiplica los riesgos.
Además, el evento se da en un contexto donde el gobierno de Navarro Quintero ha sido señalado por opositores y medios por supuestas prácticas de persecución a críticos, uso político de instituciones y un estilo autoritario apodado por algunos como el del “Rey Chiquito”. Estas controversias erosionan la confianza pública y proyectan una imagen de un estado más preocupado por el control político que por resolver problemas estructurales como la inseguridad y la infraestructura turística deficiente en algunos municipios.
Las familias que viven del turismo —miles de ellas en la Riviera Nayarit, Tepic y otros destinos— esperan que este operativo no sea solo un acto protocolario con fotos y discursos, sino una acción efectiva que realmente entregue seguridad, orden y limpieza. Porque de nada sirve presumir millones de visitantes y derrama económica si los turistas se encuentran con carreteras vulnerables, playas con basura o una percepción de riesgo que termine ahuyentando a quienes eligen Nayarit como destino.
El gobernador aseguró que se respalda a las familias dependientes del turismo y se ofrece “una experiencia segura y de calidad”. La ciudadanía y los visitantes juzgarán en los próximos días si esas palabras se traducen en hechos o si, una vez más, se quedan en mera propaganda vacacional.
Mientras tanto, los nayaritas y turistas cruzan los dedos para que Semana Santa 2026 no termine siendo recordada por otro operativo fallido, sino por un estado que realmente está a la altura de sus bellezas naturales y su potencial económico. Por ahora, el arranque luce más como un ejercicio de imagen que como una solución contundente a los problemas de fondo.

