Por Carlos Hartig.
La política en Nayarit ha parido un ejemplar de cinismo presupuestal difícil de ignorar: Beatriz Andrea Navarro Pérez. Esta diputada federal ha convertido su curul en una beca de oro financiada por los mexicanos, arrastrando desde su origen una sombra de simulación: se ostenta como egresada de Odontología por la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), pero en los pasillos académicos es un secreto a voces que su título es más una construcción política que un logro de estudio, señalada por no haber cumplido con los requisitos reales para ejercer. Mientras Tepic se hunde en necesidades, Navarro se embolsa una dieta neta de $79,846 pesos mensuales, que al sumar aguinaldos y prestaciones, elevan su costo al erario por encima de los 1.3 millones de pesos anuales. Lo indignante es la nulidad de resultados de una «diputada ausente» que ha hecho del ausentismo su verdadera carrera profesional.
Pero el saqueo no termina en su sueldo; el esquema de financiamiento que la rodea es un insulto a la transparencia. Además de su dieta, la legisladora dispone de una bolsa discrecional de $45,786 pesos mensuales para «Asistencia Legislativa» y otros $28,772 pesos para «Atención Ciudadana». Estos recursos, que suman casi 900 mil pesos adicionales al año, terminan financiando una estructura de asesores dedicados exclusivamente a su imagen personal y proselitismo. A esto se suman los jugosos viáticos para viajes y boletos de avión pagados con impuestos federales, que Navarro utiliza para su «turismo político» entre la CDMX y Nayarit, sin que se traduzcan en una sola gestión de recursos para bacheo, seguridad o agua potable en la capital nayarita.
El historial de Navarro en el Congreso es un desierto de iniciativas. Su paso por la tribuna es recordado únicamente por su vergonzosa defensa de las reformas al IEPS, votando a favor de cargarle más impuestos a los ciudadanos y traicionando la economía de las familias que juró defender. Lejos de gestionar fondos extraordinarios, la legisladora ha preferido el papel de «francotiradora mediática», colgándose de conflictos como la demolición de la Ciudad de las Artes solo para buscar un protagonismo que su incapacidad técnica le impide obtener por la vía legal y seria. Esta falta de pericia la ha dejado aislada, convirtiéndose en un activo tóxico que hoy muerde la mano del Gobierno Estatal que alguna vez la cobijó por pura condescendencia.
La ambición desmedida de Navarro por la alcaldía de Tepic la ha llevado a incrustarse en la estructura de Pavel Jarero, operando no como una aliada, sino como un auténtico estorbo para la administración de Geraldine Ponce. Su presencia en los eventos municipales no suma; resta. Al intentar venderse como «la elegida» por supuestas bendiciones de las cúpulas nacionales, Navarro solo logra entorpecer la agenda de gobierno de Ponce, generando ruido innecesario y divisiones que frenan el avance de la ciudad. Para la alcaldesa, lidiar con la sombra de una legisladora que prioriza la selfie y la intriga palaciega antes que bajar fondos federales, se ha vuelto un lastre político que la administración municipal no tendría por qué cargar.
El blindaje de Navarro es tan predecible como cínico: la victimización. Cada vez que la prensa cuestiona su nula productividad o su opaco manejo de los apoyos parlamentarios —que incluyen presupuestos inflados para asesores de redes sociales—, la diputada activa el protocolo de «violencia política de género». Esta táctica, que debería proteger a mujeres con vocación real, es manipulada por Navarro para evadir la rendición de cuentas. Es una estrategia de manual para ocultar que, mientras ella «rema para el sentido contrario» y se dedica a la grilla barata, los ciudadanos siguen esperando que la millonaria inversión que representa su oficina se traduzca en una sola ley que les mejore la vida.
La conclusión para el electorado es contundente: financiar la carrera de Andrea Navarro es un lujo que Nayarit ya no puede costear. Su intento de asaltar la alcaldía bajo el cobijo de Jarero es la última jugada de una política que sabe que su tiempo en el presupuesto se agota. Entre «quesadillas sin queso» y promesas de fe, la realidad es que Navarro es una pieza disfuncional: una odontóloga sin pacientes y una diputada sin leyes. Si no pudo con una curul donde solo tenía que asistir, mucho menos podrá con la responsabilidad de una capital que exige menos poses y más honestidad. El estorbo legislativo está a la vista; solo falta ver si Tepic está dispuesto a seguir pagando su costosa e inútil estancia en el poder.

