Por Carlos Hartig.
Con un legado que suma un cuarto de milenio, la Judea de San Pedro Lagunillas se prepara para una edición histórica del 29 de marzo al 5 de abril. Esta tradición, que nació en el siglo XVIII como una herramienta de evangelización de los frailes franciscanos, ha sobrevivido a guerras y cambios sociales, consolidándose hoy como la herencia más valiosa del municipio. Lo que comenzó como un pequeño acto de fe comunal, llega a sus 250 años convertida en un fenómeno cultural que proyecta a San Pedro como un destino turístico de relevancia internacional.
La solidez de esta conmemoración recae en un comité profundamente comprometido con sus raíces. Figuras como Rafael Sauceda López, director de la Judea, y Guadalupe Sauceda, han sido pilares fundamentales en la preservación de los libretos y la logística de los escenarios. Su labor se ve fortalecida por la guía espiritual del Padre Chepe, quien junto a los organizadores, ha trabajado para que cada pasaje bíblico sea un acto de devoción profunda, involucrando a más de 80 actores locales que ensayan durante meses para dar vida a esta pasión.
Lo que distingue a San Pedro Lagunillas de otras representaciones, como las de Iztapalapa o Jala, es el uso místico de su geografía. El momento cumbre es, sin duda, el acto de Jesús caminando sobre las aguas de la emblemática laguna local, un «misterio» visual que atrae a miles por su realismo y belleza. Para este aniversario, se espera la llegada de más de 3,000 visitantes provenientes de Tepic, Guadalajara, Michoacán y la comunidad migrante de Estados Unidos, quienes buscan vivir una experiencia espiritual enmarcada en paisajes naturales únicos.
El programa de este año es exhaustivo y solemne, incluyendo pasajes como la Entrada a Jerusalén, el Sermón del Monte y la Multiplicación de los Panes. El clímax de la fe llegará con un viacrucis de tres kilómetros que culminará en la crucifixión, seguido por la tradicional Quema del Judas. Para garantizar la tranquilidad de las familias, el Padre Chepe y el comité han coordinado un robusto operativo de seguridad con apoyo estatal y militar, asegurando un entorno de paz durante toda la semana de actividades.
Más allá del drama sacro, la celebración se complementa con una rica oferta de gastronomía regional, procesiones y jaripeos en la plaza de toros, consolidando la fiesta como un evento integral. Con este 250 aniversario, San Pedro Lagunillas no solo celebra su pasado histórico, sino que abre sus puertas al futuro, invitando al mundo a ser testigo de una de las tradiciones más auténticas y antiguas de México.
