Estrategia Nacional de Fortalecimiento Familiar en Nayarit: ¿Política de imagen o fracaso en combatir la violencia intrafamiliar?.

Tepic, Nayarit (RRC): En un contexto donde Nayarit enfrenta persistentes desafíos en materia de violencia intrafamiliar y seguridad ciudadana, el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero y su esposa, la presidenta del Sistema DIF estatal, doctora Beatriz Estrada Martínez, encabezaron recientemente una Feria por la Paz en la Concha Acústica del parque La Loma, en Tepic, con motivo del Día de la Familia. Durante el evento se anunció el arranque en la entidad de la Estrategia Nacional para el Fortalecimiento de las Familias, promovida por el Sistema Nacional DIF, con talleres de crianza positiva, actividades deportivas, expresiones culturales y entrega simbólica de constancias.

Sin embargo, esta iniciativa ha sido recibida con escepticismo por diversos sectores, que la consideran más un acto de imagen política que una respuesta efectiva a la realidad que viven miles de familias nayaritas. Mientras el gobierno estatal promociona espacios de «convivencia» y «cultura de paz» como antídoto contra las violencias, los indicadores oficiales y reportes independientes muestran un panorama mucho más crudo: Nayarit continúa registrando tasas elevadas de victimización, con problemas estructurales de violencia que afectan directamente el núcleo familiar.

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) del INEGI correspondientes a periodos recientes, el estado mantiene niveles preocupantes de delitos que impactan el hogar, incluyendo extorsiones, amenazas y lesiones, muchos de ellos vinculados al entorno familiar o de pareja. Además, Nayarit destaca negativamente en tasas de ingreso de adolescentes a centros de internamiento por conflictos con la ley, lo que refleja fallas en la prevención y el entorno protector para niñas, niños y adolescentes —precisamente los grupos que la estrategia nacional dice priorizar.

Críticos señalan que, lejos de atacar las causas de fondo, eventos como la feria terminan siendo ejercicios propagandísticos en un estado donde la violencia letal ha mostrado incrementos en periodos clave, con disputas entre grupos criminales que generan inestabilidad y miedo en las comunidades. El contraste es evidente: mientras se entregan constancias simbólicas en un parque, familias enteras lidian a diario con amenazas reales, desplazamientos forzados por la inseguridad y una percepción de impunidad que erosiona la confianza en las instituciones.

La insistencia oficial en pintar un Nayarit «en calma» y en «fortalecimiento familiar» choca con denuncias recurrentes de represión a voces críticas, uso político de fiscalías y una gestión que, según opositores y exfuncionarios, prioriza el control y la imagen sobre soluciones concretas y medibles. En lugar de resultados tangibles en reducción de violencia familiar, feminicidios o desintegración de hogares por causas socioeconómicas y de seguridad, lo que prevalece es la sensación de que estas estrategias nacionales llegan a Nayarit más como foto oportunista que como política transformadora.

Mientras el gobernador y la titular del DIF posan en la Concha Acústica promoviendo «vínculos familiares», muchas nayaritas y nayaritas siguen esperando acciones reales que vayan más allá de talleres y ferias: protección efectiva, justicia pronta y un entorno donde la paz no sea solo un eslogan en un evento dominical. Por ahora, la brecha entre el discurso oficial y la dura realidad familiar en Nayarit parece más amplia que nunca.

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