El Gobernador de Nayarit presume ”avances” en planta de La Fortuna mientras Tuxpan sigue ahogado en aguas negras y promesas eternas.

Tuxpan, Nayarit (RRC): La construcción de la planta de tratamiento de aguas residuales en La Fortuna, municipio de Tuxpan, anunciada con bombo y platillo por el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero, representa más un acto de publicidad gubernamental que una solución real y urgente a la grave crisis ambiental y sanitaria que padece la región desde hace décadas.

Mientras el mandatario destaca que la obra —con una primera etapa de 27 millones de pesos— “impactará directamente en la salud” y “fortalecerá el cuidado ambiental”, la realidad en Tuxpan cuenta otra historia: aguas negras corren a cielo abierto en calles y colonias de la cabecera municipal, el drenaje sanitario es obsoleto, colapsado e incompleto, y las descargas sin tratar han contaminado por años arroyos, ríos y mantos freáticos locales. Vecinos han denunciado durante lustros problemas graves de salud pública asociados a esta contaminación crónica, incluyendo enfermedades gastrointestinales recurrentes y malos olores insoportables que afectan la calidad de vida diaria.

La planta en La Fortuna, cuya construcción apenas avanza, no resolverá de manera inmediata ni integral el problema. Fuentes locales señalan que, incluso una vez terminada la primera etapa, gran parte de la red de drenaje de Tuxpan seguirá sin conectarse adecuadamente, lo que limita el alcance real de la obra. Beneficiar “a 39 mil familias”, como presume el gobernador, suena optimista cuando la infraestructura de recolección sigue en ruinas y no se ha transparentado un calendario claro ni presupuesto completo para la segunda fase ni para la rehabilitación masiva de tuberías.

Este anuncio llega en un contexto donde Nayarit arrastra una crisis hídrica y de contaminación generalizada: acuíferos sobreexplotados, cuerpos de agua con altos niveles de contaminantes y escasa cobertura de tratamiento de aguas residuales en muchos municipios. En lugar de enfrentar con seriedad y recursos suficientes esta emergencia ambiental acumulada, el gobierno estatal opta por inaugurar avances parciales y acompañarlos de discursos optimistas que contrastan con la lentitud histórica en obras hidráulicas.

Lejos de ser una “acción que mejora la calidad de vida de las familias”, como afirma Navarro Quintero, el proyecto evidencia una gestión reactiva y tardía ante un problema que lleva décadas sin atención prioritaria. Mientras tanto, los tuxpeños siguen conviviendo con el hedor y los riesgos sanitarios de un sistema de saneamiento colapsado, esperando que las promesas de hoy no se conviertan en otra obra inconclusa o insuficiente mañana.

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