Tepic, Nayarit (RRC): Mientras la presidenta municipal de Tepic, Geraldine Ponce, se apresura a elogiar al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y a destacar un supuesto «rumbo claro» en materia de seguridad bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, la realidad en las calles de la capital nayarita y el estado entero cuenta una historia muy distinta: una de violencia persistente, bloqueos narcotraficantes y una ciudadanía que vive con miedo.
En días recientes, Nayarit —y particularmente su zona metropolitana incluyendo Tepic— ha sido escenario de una ola de violencia desatada tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Narcobloqueos en carreteras clave como la Tepic-Mazatlán, Tepic-Bellavista y el Libramiento Norte de Tepic, quema de al menos ocho unidades del transporte público, detenciones masivas (incluyendo 51 personas trasladadas a la capital estatal, muchas de ellas menores y mujeres), y un saldo de daños materiales generalizados han paralizado la vida cotidiana. Las autoridades estatales suspendieron clases, recomendaron no salir de casa y habilitaron albergues de emergencia, evidenciando la fragilidad del control territorial pese a las «coordinaciones» que Ponce menciona con entusiasmo.
Lejos de un «rumbo claro», los datos duros muestran contradicciones flagrantes. Aunque algunos reportes oficiales de 2025 destacaban tasas relativamente bajas de incidencia delictiva general en Nayarit comparadas con el promedio nacional, otros análisis —como el de México Evalúa— colocaban al estado entre los cinco con mayor violencia letal del país durante los primeros meses de 2025, con un incremento del 53% en homicidios respecto al año anterior y una tasa de 24.8 por cada 100 mil habitantes. La percepción ciudadana y los hechos recientes de febrero 2026 confirman que la paz prometida no llega a Tepic: extorsiones, robos violentos y el temor constante al crimen organizado siguen siendo el pan de cada día para miles de familias.
El respaldo institucional que Ponce ofrece a nombre de los municipios del país suena más a alineación política que a diagnóstico realista. Mientras la alcaldesa —quien recientemente ha sido blanco de críticas nacionales por errores en redes sociales y cuestionamientos sobre su patrimonio— celebra una estrategia federal que, en el mejor de los casos, ha logrado detenciones de alto perfil pero no ha evitado que el cártel responda con caos en regiones enteras, los tepicenses pagan el precio en inseguridad diaria y paralización económica.
La paz «que se construye todos los días», según la presidenta municipal, parece quedarse en el discurso. En Tepic, lo que se construye a diario es indignación ante una realidad que desmiente los elogios oficiales: violencia que no cede, coordinación que no alcanza y una ciudadanía que, más que rumbo claro, demanda resultados concretos y no sólo reconocimientos institucionales.
