Por Ricardo Reyes.
En medio de la crisis de desaparecidos que supera las 130 mil personas en México, colectivos de madres buscadoras continúan la labor de localizar a sus familiares, muchas veces en condiciones de alto riesgo y con recursos propios.
Estas mujeres, integrantes de grupos como Madres Buscadoras de Sonora, el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM) y otras organizaciones en diversas entidades, han logrado localizar a miles de personas —vivas y fallecidas— mediante búsquedas en fosas clandestinas y terrenos de difícil acceso.
Recientemente, ante protestas de estos colectivos que coincidieron con la cercanía del Mundial de Fútbol 2026, algunas voces han intentado vincular su movilización con posturas de “ultraderecha”. Esta narrativa ha generado rechazo en diversos sectores.
“No hay madres de ultraderecha, hay madres buscadoras”, ha sido una de las frases que circula con fuerza en redes y columnas ante estos señalamientos.
La desaparición forzada en México se agravó desde la llamada “guerra contra el narco” en 2006, aunque tiene antecedentes en décadas anteriores. Los colectivos reúnen a familias de distintos estratos sociales, regiones y sin alineación partidista única.
Según datos de los propios grupos y organismos como Amnistía Internacional, las madres buscadoras han encontrado más de mil 200 cuerpos y localizado a más de mil 300 personas con vida en los últimos años. Muchas han enfrentado amenazas, agresiones y violencia durante sus búsquedas.
En días recientes, las buscadoras han visibilizado su exigencia de mayor atención y recursos para la búsqueda de desaparecidos, mientras el país se prepara para eventos deportivos de gran envergadura.
Funcionarios han minimizado algunas de las movilizaciones o sugerido motivaciones políticas, lo que ha sido rechazado por las propias afectadas, quienes sostienen que su lucha es humanitaria y financiada con esfuerzo propio.
Los colectivos no forman un movimiento homogéneo. Han impulsado brigadas nacionales, capacitaciones en técnicas de búsqueda y la exigencia de cumplimiento de la Ley General en Materia de Desapariciones.
Estigmatizar su labor con etiquetas políticas, según analistas y las propias madres, distrae del problema central: la persistente crisis humanitaria y la necesidad de una respuesta más efectiva por parte de las autoridades.
Mientras México vive momentos de celebración internacional, las madres buscadoras mantienen su exigencia de verdad, justicia y la localización de sus seres queridos.
En México, las madres son buscadoras. Y su persistencia refleja un reclamo que trasciende cualquier polarización.

