Por Ricardo Reyes.
La inseguridad se ha convertido en una de las principales deudas de las autoridades con los habitantes de Tepic. Durante los últimos cinco años, la capital nayarita ha transitado entre anuncios oficiales sobre el fortalecimiento de la seguridad pública y una realidad cotidiana en la que miles de ciudadanos continúan enfrentando robos, asaltos, desapariciones y hechos violentos que alimentan la incertidumbre y el temor.
Aunque los gobiernos en turno han destacado reducciones en algunos indicadores delictivos y la implementación de estrategias de vigilancia, la percepción social parece ir en sentido contrario. Para una gran parte de la población, la sensación de inseguridad persiste y se refleja en cambios de hábitos, restricciones para transitar durante la noche y una creciente desconfianza hacia la capacidad institucional para prevenir y castigar los delitos.

Desde 2021, tanto el Ayuntamiento de Tepic como el Gobierno del Estado han apostado por operativos conjuntos, la incorporación de tecnología, el reforzamiento de las corporaciones policiacas y la coordinación con fuerzas federales. Sin embargo, los resultados continúan siendo motivo de debate, particularmente cuando vecinos de distintas colonias denuncian de manera constante robos a casa habitación, cristalazos, asaltos a transeúntes y otros delitos que afectan directamente el patrimonio y la tranquilidad de las familias.
A ello se suman episodios de mayor gravedad que han marcado la vida pública del municipio y del estado, como desapariciones, hallazgos de personas sin vida y hechos vinculados con la presencia y disputa de grupos delictivos en diversas regiones de Nayarit. Estos acontecimientos han puesto nuevamente sobre la mesa la necesidad de revisar y fortalecer las estrategias de seguridad implementadas hasta ahora.
Especialistas advierten que el combate a la inseguridad no puede limitarse a la estadística oficial. La denominada «cifra negra», integrada por aquellos delitos que no son denunciados, representa uno de los mayores obstáculos para dimensionar el problema en su justa medida. La falta de confianza en las instituciones y la percepción de impunidad contribuyen a que numerosos hechos delictivos nunca lleguen a formar parte de los registros formales.

La ciudadanía exige respuestas concretas. Más allá de los anuncios y discursos institucionales, los tepicenses demandan presencia efectiva de las corporaciones de seguridad, investigaciones profesionales, resultados tangibles en el combate a la delincuencia y políticas públicas orientadas a la prevención, particularmente entre los sectores más vulnerables de la población.
A cinco años de distancia, Tepic enfrenta el desafío de recuperar plenamente la confianza y la tranquilidad de sus habitantes. La seguridad continúa siendo una asignatura pendiente que requiere coordinación real entre los tres órdenes de gobierno, instituciones sólidas y acciones sostenidas que permitan garantizar a la población el derecho fundamental de vivir en paz y sin miedo.

