Armando
Por Armando J. García.
Las democracias no se miden únicamente por las elecciones que organizan; hay algo más profundo… Se miden por la capacidad de que nuevas voces participen, por la posibilidad de que los ciudadanos encuentren alternativas.
Y, sobre todo, por la garantía de que quienes hoy tienen el poder no utilicen ese mismo poder para decidir quién puede competir mañana.
Hemos visto la denuncia presentada por Somos MX contra integrantes de Morena, por el presunto uso indebido de información reservada de su padrón de afiliados; trasciende el conflicto entre organizaciones políticas.
Más allá de que las autoridades determinen quién tiene la razón y quién no, el caso abre una pregunta inquietante para cualquier ciudadano:
¿Quién decide quién puede competir en México?
La acusación es delicada. Se señala que militantes vinculados a Morena habrían utilizado información que debería encontrarse bajo resguardo de la autoridad electoral para intentar impedir el registro de nuevas fuerzas políticas.
Si la acusación resulta infundada, deberá desecharse.
Pero si llegara a comprobarse, estaríamos frente a algo mucho más grave que una disputa entre partidos.
Estaríamos frente a la utilización de estructuras de poder para limitar la competencia política.
Y esa es una línea que ninguna democracia debería cruzar.
La historia demuestra que los sistemas políticos comienzan a debilitarse cuando el partido gobernante deja de competir contra sus adversarios y comienza a utilizar su posición para reducirlos.
Porque algo debe quedar claro: una cosa es ganar elecciones.
Y otra muy distinta es controlar quién puede participar en ellas.
Durante años, Morena construyó su identidad política denunciando precisamente algunas de esas prácticas.
Denunciando la falta de equidad en la competencia.
Denunciando el uso de las instituciones para beneficiar a quienes gobernaban.
Por ello, cualquier señal que sugiera la utilización de mecanismos institucionales para dificultar la aparición de nuevos actores políticos debería preocupar incluso a quienes simpatizan con el movimiento gobernante.
Uno de los tratados internacionales es fortalecer la democracia, que por cierto no existe para proteger a los partidos.
Existe para proteger el derecho de los ciudadanos a elegir entre distintas opciones.
Por eso este debate debe concentrarse en lo que se debería hacer por la democracia.
Porque las democracias también mueren cuando desde el poder se dice quién participa. Y quién no.
Y es aquí, mi querido lector, les vuelvo a dejar una pregunta:
¿México sigue siendo una democracia que fomenta nuevas alternativas políticas o estamos entrando en una etapa donde el poder busca decidir quién puede competir contra él?

