Carlos Avendaño
Por Carlos Avendaño.
UAS: resultados que respaldan la gestión. La Universidad Autónoma de Sinaloa volvió a demostrar que, aun en medio de las dificultades financieras, mantiene el rumbo y que sigue entregando resultados que la colocan entre las instituciones de educación superior más importantes del país. Durante su Primer Informe de Labores 2025-2026, el Rector Titular de la UAS, doctor Jesús Madueña Molina, presentó algunas cifras que hablan por sí solas: una matrícula superior a los 169 mil estudiantes, 89 programas educativos acreditados, liderazgo nacional en evaluaciones académicas, 716 investigadores integrados al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, así como una destacada participación en la cultura, el deporte y la vinculación social. No es obra de la casualidad que la UAS se mantenga entre las tres mejores universidades públicas estatales de México. Detrás de todo este reconocimiento existe un trabajo institucional, una planeación y el esfuerzo diario de los docentes, los investigadores, los trabajadores administrativos y de los estudiantes. Sin embargo, los logros académicos contrastan con una realidad financiera compleja. La Universidad continúa enfrentando un déficit estructural derivado de años de insuficiencia presupuestal y de la ausencia de recursos extraordinarios por parte del gobierno federal. Tan solo el pago de nómina absorbe el 94 por ciento de su presupuesto, esta situación obliga a mantener una estricta disciplina financiera y a impulsar medidas de reingeniería institucional. En este sentido, la administración encabezada por el Doctor Jesús Madueña Molina ha optado por asumir algunas decisiones difíciles para garantizar la viabilidad de la institución en el largo plazo. La reingeniería financiera aprobada por la comunidad universitaria representa precisamente un esfuerzo para preservar la estabilidad de la Casa Rosalina y proteger los derechos de las futuras generaciones de universitarios. La UAS ha cumplido con su parte: fortalecer los indicadores académicos, transparentar sus procesos, avanzar en el saneamiento financiero y consolidarse como un referente nacional en la educación superior. Ahora corresponde que los distintos órdenes de gobierno acompañen este gran esfuerzo institucional. Porque cuando se fortalece a la Universidad Autónoma de Sinaloa, no solamente se respalda a una institución educativa; se le apuesta por el futuro de más de 169 mil estudiantes y por el desarrollo de todo el estado. La UAS sigue demostrando que los grandes desafíos pueden enfrentarse con trabajo, con unidad y con visión de futuro. Y esto, sin duda, es una buena noticia para Sinaloa. “Sursum Versus – UAS”…
Los reos colaterales de la cárcel. Siete internos fueron asesinados dentro de una prisión. Así es estimado lector, vuelva a leer nuevamente la frase, “dentro de una prisión”. En teoría, uno de los lugares más vigilados por el Estado, uno de los espacios en donde el gobierno ejerce control absoluto, uno de los sitios en donde la autoridad debería tener la última palabra, y, sin embargo, siete personas murieron. La hipótesis de que un solo agresor habría utilizado la misma arma blanca para cometer los homicidios abre más preguntas de las que responden. Porque si esta versión termina confirmándose, la tragedia adquiere una dimensión todavía más inquietante. ¿En dónde estaban los controles? ¿En dónde estaban los custodios? ¿En dónde estaban los protocolos de reacción? ¿En dónde estaba la autoridad mientras siete vidas se apagaban una tras otra? No se trata de prejuzgar responsabilidades. Las investigaciones deberán determinar si existió negligencia, omisión, incapacidad operativa o cualquier otra circunstancia. Pero hay una realidad imposible de ocultar. Innegablemente algo falló, y falló de manera estrepitosa. Porque cuando siete personas mueren dentro de un penal, el problema deja de ser exclusivamente de seguridad penitenciaria, para convertirse en una crisis de gobernabilidad. Las cárceles representan el último eslabón de la cadena institucional. Si el Estado no puede garantizar el control dentro de sus propias instalaciones, ¿Qué mensaje envía hacia afuera? La respuesta es por demás devastadora: que el orden puede ser una ilusión, que la autoridad puede ser insuficiente, y que las instituciones son más frágiles de lo que admiten los discursos oficiales. Lo ocurrido en la cárcel de Aguaruto no encierra únicamente a siete víctimas, también encierra preguntas incómodas. Preguntas sobre la capacidad operativa del sistema penitenciario, preguntas sobre la supervisión gubernamental, preguntas sobre el verdadero estado de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad. Porque los penales no están diseñados para producir masacres, sino que están diseñados para evitarlas. Y cuando ocurre exactamente lo contrario, el Estado no puede limitarse a contar las víctimas. Sino que está obligado a explicar por qué sucedió. Al final de cuentas, los siete fallecidos no son los únicos reos colaterales de esta tragedia. También quedó encarcelada la confianza pública. Esa confianza que permite creer que las leyes se cumplen, que las instituciones funcionan, y que quienes tienen la responsabilidad de custodiar la seguridad saben lo que hacen. Hoy esta confianza permanece tras las rejas, y lo más preocupante, es que nadie parece tener la llave para liberarla…
¿Y el Rocha? La pregunta comienza a repetirse en cafés, en oficinas, en redacciones, en grupos de WhatsApp y en las benditas redes sociales, ¿Y el Rocha? Porque cuando un gobernador desaparece del debate público durante semanas, las especulaciones ocupan el espacio que deja el silencio, y el silencio, en política, casi nunca es una estrategia ganadora. Durante años, los gobernantes buscaron aparecer hasta en la sopa. Inauguraron banquetas, supervisaron semáforos, cortaban listones, encabezaban reuniones, posaban para fotografías. Pero hoy ocurrió algo extraño. La figura política más importante de Sinaloa parece haberse convertido en el personaje más difícil de encontrar. Y cuando un gobernador deja de aparecer en momentos de crisis, inevitablemente surgen preguntas. Preguntas que no nacen de la oposición, ni de los medios, ni de los adversarios políticos, no nacen de la ausencia. Porque la naturaleza detesta el vacío y la política también. Cada día sin explicaciones claras alimenta las nuevas versiones. Cada semana sin presencia pública fortalece los rumores. Cada silencio prolongado multiplica la incertidumbre. La consecuencia es inevitable y la conversación deja de girar alrededor de los hechos. Y entonces comienza a girar alrededor de las especulaciones. Lo preocupante no es solamente en dónde está un gobernador. Lo preocupante es en dónde está el liderazgo que se supone debe de aparecer precisamente cuando las circunstancias son más complicadas. Los gobiernos no fueron creados para administrar días tranquilos, sino que fueron creados para enfrentar las crisis. Y las crisis exigen presencia, exigen comunicación, exigen respuestas. Porque cuando la autoridad desaparece del escenario, otros ocupan el espacio. Y estos son claramente los rumores, las versiones encontradas, las teorías, las sospechas, y ninguna de ellas beneficia a las instituciones. Al final de cuentas, la pregunta más importante quizá no sea dónde está Rocha. La pregunta es ¿Por qué los sinaloenses tienen que preguntarlo? Porque cuando un gobernador se vuelve noticia por su ausencia, algo dejó de funcionar en la comunicación política. Y cuando el silencio se convierte en protagonista, la incertidumbre termina gobernando. Mientras tanto, en Sinaloa sigue resonando la misma simple pregunta, directa e incómoda, ¿Y el Rocha?…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
Facebook: Carlos Avendaño Twitter: @Carlosravendano http://www.carlosavendano.mx
hectormunoz.com.mx - lagaceta.me - entreveredas.com.mx - rrcagenciainfomativa.com – nexusmedia.com – entreredes.com.mx

