Por Carlos Hartig.
La crisis humanitaria por la escasez de agua potable en Tecuala no solo es el resultado de la sequía o del colapso de la infraestructura hídrica; hoy en día, el principal obstáculo es la alarmante indolencia de sus propios funcionarios. Mientras miles de familias tecualenses padecen diariamente la falta del líquido vital en sus hogares, el director del Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN), Gerardo Cárdenas, ha decidido enfrascarse en una disputa de egos y comodidades con el síndico municipal, Ramón Madera, frenando de manera irresponsable la perforación de nuevos pozos de extracción indispensables para mitigar la emergencia.
La parálisis de este proyecto prioritario radica en un hecho que raya en lo absurdo: la negativa del titular del IMPLAN a salir de su oficina para concretar la firma de las licitaciones. Ante los reclamos y la insistencia del síndico Ramón Madera, quien ha intentado destrabar el proceso legal para iniciar las obras civiles, Gerardo Cárdenas ha opuesto una rigidez burocrática inaceptable. El director del IMPLAN argumenta una supuesta saturación de agenda y una «revisión minuciosa» de documentos jurídicos como pretexto para atrincherarse en su despacho, pretendiendo de forma soberbia que sea la propia sindicatura la que se someta a sus condiciones y horarios para llevarle los papeles hasta su escritorio.
Esta actitud de superioridad por parte de la dirección del IMPLAN no solo demuestra una preocupante falta de sensibilidad social, sino también una grave ineficacia técnica. Ramón Madera, en su papel de representante jurídico del municipio, requiere de la validación y el dinamismo de las dependencias técnicas para agilizar los contratos de obra pública; sin embargo, se ha topado con la pared del inmovilismo institucional. Al condicionar un trámite tan elemental como el traslado y la firma de un expediente, Cárdenas exhibe que para el IMPLAN la comodidad burocrática y el celo de oficina pesan más que el derecho humano al agua de toda una población.
El contraste entre la pasividad del director del IMPLAN y las demandas de la sindicatura pone de relieve quiénes realmente están dimensionando la gravedad del problema. El síndico Ramón Madera ha enfatizado la urgencia de coordinar esfuerzos inmediatos, consciente de que los tiempos de validación jurídica determinan la velocidad con la que se resolverá el desabasto en las comunidades. En cambio, la postura del titular del IMPLAN de no ceder ni un ápice en la logística interna representa un boicot indirecto a la ejecución de los recursos que el Gobierno del Estado ha dispuesto para la región.
Esta preocupante desconexión con la realidad ocurre en un contexto donde Tecuala arrastra serias observaciones financieras y reclamos generalizados por el abandono de los servicios públicos básicos. Que el director del IMPLAN priorice el resguardo de su oficina y obstaculice la labor de fiscalización y gestión del síndico Madera, deja en claro que el organismo de planeación está operando como un cuello de botella administrativo en lugar de ser un facilitador de soluciones para el municipio.
La ciudadanía de Tecuala no puede seguir siendo rehén de las dinámicas de escritorio ni de las agendas intocables de funcionarios que se niegan a hacer trabajo de campo coordinado. La perforación de los nuevos pozos no puede esperar a que el director del IMPLAN decida mostrar un mínimo de voluntad y flexibilidad institucional. Si los proyectos de infraestructura hídrica continúan varados en un limbo de papeles, la responsabilidad histórica de prolongar la sed del pueblo recaerá directamente sobre la soberbia e inoperancia de su oficina de planeación.

