Macaco
Por Ramón Álvarez García.
El segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum dejó imágenes que ya forman parte de la tradición política mexicana: plazas llenas, miles de asistentes, discursos optimistas y una narrativa oficial que presume avances en distintos rubros. Dos años después de haber asumido la Presidencia de la República, el balance sigue generando opiniones encontradas. Hay quienes destacan logros y continuidad en algunos programas sociales, mientras otros cuestionan el rumbo económico, la estrategia de seguridad y la creciente concentración del poder político. Lo cierto es que, más allá de los números y las cifras presentadas, el debate sigue abierto. Y en cuanto al acarreo, sería ingenuo pensar que es una práctica exclusiva de un solo partido. Los gobiernos del pasado lo hicieron durante décadas y quienes hoy ostentan el poder tampoco han renunciado a esa vieja costumbre de movilizar simpatizantes para demostrar músculo político.
Por otro lado, en Bahía de Banderas continúan apareciendo personajes que parecen más interesados en mantenerse vigentes que en aportar soluciones reales a los problemas de la ciudadanía. Tal es el caso de Mailo Duñalds, quien recientemente volvió a utilizar las redes sociales para señalar situaciones que, para su mala fortuna, ni siquiera corresponden a la esfera de competencia del Ayuntamiento. La crítica siempre es válida, pero cuando se ejerce sin información o con fines meramente protagónicos termina volviéndose en contra de quien la emite. Y es precisamente ahí donde surgieron los cuestionamientos hacia su figura: ¿qué ha hecho realmente por Bahía de Banderas después de haber sido regidor y diputado?, ¿cuáles son los resultados concretos que puede presumir? Sus detractores recuerdan los intentos de impulsar a familiares dentro de la vida política local y consideran que su activismo actual responde más a intereses personales que a una genuina preocupación por el bienestar colectivo. Para muchos, representa esa vieja política oportunista que tanto daño ha causado a la credibilidad de las instituciones.
Mientras tanto, los pasillos políticos siguen alimentando especulaciones sobre quién ocuparía la Presidencia Municipal de Bahía de Banderas en caso de una eventual licencia o separación temporal del alcalde. Legalmente, el secretario del Ayuntamiento, Israel Santillán, tendría un papel fundamental en el procedimiento. Sin embargo, versiones que circulan tanto en el ámbito estatal como municipal apuntan a que podrían buscar una ruta distinta, solicitando al suplente que decline asumir la responsabilidad para abrir espacio a otro perfil. El nombre del regidor Octavio Valencia aparece con insistencia en las conversaciones, aunque nada ha sido confirmado oficialmente. Incluso, algunos hablan de una tercera opción que podría surgir de última hora. Por ahora, todo permanece en el terreno de las especulaciones, aunque no deja de llamar la atención el movimiento de piezas que ya se percibe dentro del tablero político local. La interrogante es si Santillán seguirá estrictamente la ruta legal que le corresponde o si atenderá acuerdos y decisiones que pudieran construirse desde otras esferas de poder.
Quien sí decidió hablar sin rodeos fue el alcalde Héctor Santana durante la inauguración de la calle Reforma, en San Vicente. Frente a medios de comunicación y ciudadanos, lanzó un mensaje que rápidamente generó comentarios dentro y fuera del municipio. Aseguró que dedicará parte de sus fines de semana a enseñar a otros funcionarios cómo administrar recursos públicos y ejecutar obras en beneficio de la población. También criticó el gasto de recursos en campañas digitales y estrategias de desprestigio contra quienes encabezan las preferencias ciudadanas. Pero la frase que más llamó la atención fue aquella en la que aseguró que toda la tierra que le arrojen políticamente será utilizada para seguir emparejando calles en Bahía de Banderas. Con tono desafiante y elevando la voz, cerró su mensaje con una pregunta que resonó entre los asistentes: “¿Me escucharon?”. Un mensaje directo que, sin duda, ya comenzó a generar reacciones entre aliados y adversarios.

