Por Ricardo Reyes.
Es una vergüenza nacional. Tepic, la autoproclamada “Ciudad que Sonríe”, es en realidad una ciudad hostil, discriminatoria y cruel con las personas que tienen alguna discapacidad. Las banquetas, zonas peatonales, parques y prácticamente toda la infraestructura urbana no solo son deficientes: son un insulto sistemático a la dignidad humana.
Banquetas rotas, hundidas, estrechas y convertidas en basureros de postes, cables, basura, autos mal estacionados y puestos ambulantes. Rampas inexistentes, mal hechas o con pendientes tan absurdas que resultan inútiles y peligrosas. Parques públicos donde las áreas verdes, juegos y senderos están vedados para cualquiera que use silla de ruedas, muletas o bastón. El centro histórico, supuesta joya de la ciudad, es un verdadero campo minado para quien no camina con dos piernas sanas.
Personas en silla de ruedas se ven obligadas a jugarse la vida circulando entre autos a toda velocidad porque las banquetas les están literalmente cerradas. Adultos mayores arrastrándose. Ciegos golpeándose contra obstáculos invisibles. Madres con carriolas sorteando verdaderos acantilados. Esto no es falta de presupuesto ni “problemas de crecimiento”. Es negligencia criminal, indolencia y discriminación pura y dura por parte de las autoridades municipales.
Las leyes son clarísimas. La Ley General para la Inclusión y la normatividad estatal exigen accesibilidad universal. En Tepic se violan de forma abierta, constante y sin que nadie pague por ello. ¿Dónde están las sanciones a funcionarios? ¿Dónde están las auditorías a las obras públicas que se entregan mal hechas? ¿Dónde está el plan serio de accesibilidad? La respuesta es tan vergonzosa como predecible: en la basura.
Mientras los gobernantes de turno se gastan millones en publicidad para vender una falsa imagen de ciudad moderna y amable, miles de tepicenses con discapacidad viven encerrados en sus casas o arriesgando su integridad física cada vez que intentan salir. Esto no es solo omisión. Es un acto de violencia estructural. Es excluir a los más vulnerables de la vida pública por pura flojera e incompetencia.
“La Ciudad que Sonríe” no sonríe. Les da la espalda, los humilla y los condena al ostracismo. Es una ciudad diseñada solo para los sanos, los jóvenes y los que pueden caminar sin problemas. El resto que se joda.
Ya basta de discursos bonitos y fotos para redes sociales. Exigimos responsabilidades. Exigimos que caigan cabezas. Exigimos un plan real, con plazos y presupuesto, para eliminar estas barreras discriminatorias. Porque mientras no haya banquetas, rampas y espacios dignos, Tepic no es una ciudad que sonríe.
Es una ciudad que discrimina. Y punto.

