Por Ricardo Reyes.
En una ciudad donde los gobiernos suelen presumir obras, modernización y avances que aparecen puntualmente en fotografías y discursos oficiales, existe un edificio que exhibe una realidad incómoda: el Mercado del Mar de Tepic, un espacio que hoy parece haberse convertido en el monumento más claro a la indiferencia institucional y al abandono gubernamental.
Mientras el Ayuntamiento anuncia proyectos, presume inversiones y habla de una ciudad en crecimiento, basta recorrer el Mercado del Mar para encontrar una escena que golpea cualquier narrativa oficial: un inmueble que por años ha cargado señales de deterioro, desgaste y falta de atención. Lo que alguna vez fue un punto importante para comerciantes y consumidores hoy proyecta la imagen de un espacio que parece condenado a sobrevivir únicamente por el esfuerzo de quienes trabajan ahí y no por el respaldo de quienes administran la ciudad.
Lo verdaderamente grave no es solo el estado físico del lugar; es el mensaje político que deja. Porque un mercado abandonado no representa únicamente paredes descuidadas o infraestructura envejecida: representa prioridades equivocadas. Representa administraciones más preocupadas por la imagen que por atender lo esencial. Representa la costumbre de maquillar la ciudad para la fotografía oficial mientras se deja pudrir aquello que no genera rentabilidad política.
El Mercado del Mar se ha convertido en una especie de elefante blanco urbano: está ahí, todos lo ven, todos conocen sus condiciones, pero nadie parece dispuesto a asumir responsabilidades. Cambian los gobiernos, cambian los funcionarios y cambian los discursos, pero el abandono permanece intacto, como si el deterioro también hubiera sido incorporado al paisaje cotidiano.
Y la pregunta es inevitable: ¿cuántas administraciones han pasado frente a este problema fingiendo que no existe? Porque el deterioro de un edificio público no ocurre de un día para otro. Es la consecuencia de años de omisiones, de presupuestos dirigidos a otros intereses y de una preocupante incapacidad para rescatar espacios que forman parte de la identidad económica y social de Tepic.
Quizá lo más indignante es que, mientras algunos funcionarios hablan de transformación y desarrollo, el Mercado del Mar sigue exhibiendo una realidad imposible de ocultar: cuando la propaganda termina, el abandono permanece.
Porque las paredes no hablan, pero el abandono sí. Y en el Mercado del Mar lleva años gritando.

