Por Carlos Hartig.
Este viernes 22 de mayo, las luces del Ayuntamiento de Bahía de Banderas se encenderán para una crucial Sesión Ordinaria de Cabildo que mantiene a la ciudadanía en vilo. Entre una cargada agenda de promesas al aire, cuentas del pasado y el reacomodo del territorio, el cuerpo edilicio se juega las cartas de la gobernabilidad. En un escenario donde abundan las dudas burocráticas, resalta de forma unánime lo que promete ser el mayor acierto de la administración municipal: la ratificación de la seguridad pública bajo un liderazgo con rumbo claro.


La propuesta formal para nombrar a Luis Alonso Frisbi Becerra como Director de Seguridad Ciudadana y Tránsito se perfila como la decisión más sensata y contundente de la jornada. Lejos del compadrazgo y la improvisación política, la continuidad e institucionalización de Frisbi Becerra al frente de la corporación es vista por diversos sectores como una garantía de estabilidad. En un municipio turísticamente vital, blindar la seguridad con perfiles que conocen la calle, el patrullaje real y las complejidades del tránsito no es un lujo, sino un acierto estratégico que la ciudadanía aplaude y exige consolidar.
Sin embargo, el contraste llega de inmediato con el manejo de las arcas públicas. El Cabildo pretende despachar en una sola tarde la revisión de la Cuenta Pública del ejercicio fiscal 2025 y el avance financiero del Primer Trimestre de 2026. Pretender que los regidores analicen, discutan y asimilen el destino de millones de pesos de los ciudadanos a vaporazo limpio no solo genera suspicacia, sino que raya en la opacidad institucional. El dinero del pueblo merece auditorías rigurosas a la vista de todos, no simples formalidades de escritorio para cubrir el expediente.
Por si fuera poco, en el orden del día asoma el eterno discurso asistencialista con el anunciado Programa de Apoyo a Emprendedores. Si bien el impulso a la economía local es urgente, la experiencia dicta que estos programas suelen nacer sin reglas de operación claras, convirtiéndose en bolsas de recursos discrecionales o herramientas de clientelismo político. Hasta que no se transparente cuánto dinero real se invertirá y bajo qué candados se entregará, este punto de acuerdo se mantiene bajo el beneficio de la duda y el escepticismo social.
La sesión también pretende desahogar temas de salud y desarrollo urbano que arrastran un pesado historial de burocracia. Por un lado, el convenio de colaboración con COESPRISNAY para la protección contra riesgos sanitarios surge más como una reacción tardía ante las exigencias estatales que como una política de prevención propia. Por el otro, el envío a comisiones del reglamento interior para el Consejo Municipal de Ordenamiento Territorial y Vivienda evidencia el rezago histórico en la planeación de un municipio que crece de forma desordenada bajo la sombra de la especulación inmobiliaria.
Bahía de Banderas se encuentra en una encrucijada donde la seguridad pública parece ser el único faro de certidumbre gracias al inminente nombramiento de su director. Del resto de la agenda, queda la sospecha de siempre: discursos para la foto, cuentas alegres y promesas de escritorio. La ciudadanía no necesita un Cabildo de ventanilla que solo firme papeles; exige representantes que cuestionen el destino de cada peso, vigilen el territorio y demuestren, con hechos, que los sueños de Bahía no se quedan únicamente en un eslogan publicitario.

