Por Ricardo Reyes.

El mercado laboral mexicano mostró una clara divergencia al inicio del año: mientras la ocupación en los sectores clave se frenó por completo en términos mensuales y retrocedió a tasa anual, las remuneraciones —tanto nominales como reales— registraron incrementos moderados pero consistentes, según los Índices Globales de Personal y Remuneraciones de los Sectores Económicos (IGPERSE) publicados por el INEGI.
De acuerdo con los datos ajustados por estacionalidad correspondientes a enero de 2026, el Índice Global de Personal Ocupado (IGPOSE) no presentó variación mensual (0.0%) y cayó 1.3% en comparación anual. Esto refleja una pérdida de dinamismo en la generación de plazas formales en los sectores de construcción, manufacturas, comercio y servicios privados no financieros, que son los que integran estos indicadores.
En contraste, las remuneraciones mostraron un comportamiento más favorable. El Índice Global de Remuneraciones avanzó 0.8% a tasa mensual y 2.7% anual, mientras que las remuneraciones medias reales crecieron 0.7% en el mes y un sólido 4% respecto a enero de 2025. Estos aumentos reales indican que, para quienes conservaron su empleo, el poder adquisitivo mejoró, probablemente impulsado por ajustes salariales, revisiones contractuales y la moderación de la inflación.
Al interior del empleo, el comportamiento fue heterogéneo:
- El personal dependiente (asalariados formales con relación laboral definida) se mantuvo estable en el mes (0.0%), pero cayó 1.2% a tasa anual.
- El personal no dependiente (incluye trabajadores por cuenta propia, socios y otros esquemas más precarios) retrocedió 0.9% mensual y mostró una contracción más pronunciada de 4.8% anual.
Esta diferencia sugiere que el estancamiento afectó con mayor fuerza a los empleos más flexibles o informales dentro de estos sectores, mientras que el empleo asalariado formal resistió mejor, aunque sin crecer.
Los datos del IGPERSE se suman a un panorama laboral complejo al arranque de 2026. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) reportó en enero una pérdida significativa de puestos de trabajo respecto a diciembre (alrededor de 705 mil plazas en algunas estimaciones), aunque la tasa de desocupación se mantuvo en niveles históricamente bajos, cercanos al 2.7%. Esto apunta a que parte del ajuste ocurrió a través de una menor participación económica o un aumento en la subocupación e informalidad, más que en un repunte abierto del desempleo.
La mejora en las remuneraciones reales contrasta con el estancamiento del empleo y podría explicarse por varios factores:
- Presión por aumentos salariales en sectores con escasez de mano de obra calificada (especialmente manufacturas y ciertos servicios).
- Efecto de incrementos al salario mínimo que se filtran hacia otros niveles salariales.
- Una posible recomposición del empleo hacia puestos mejor remunerados, aunque en menor volumen.
Sin embargo, los economistas advierten que esta divergencia —más salarios para menos trabajadores— no necesariamente es positiva en el largo plazo. Un mercado laboral con crecimiento débil de la ocupación puede limitar el consumo agregado, afectar la recaudación fiscal y generar mayor desigualdad entre quienes tienen empleo formal y quienes quedan fuera o en condiciones precarias.
El arranque de 2026 refuerza la percepción de una economía que avanza a dos velocidades: los ingresos de los ocupados mejoran gracias a ajustes reales, pero la capacidad de generar nuevos empleos sigue limitada. Sectores como la manufactura (beneficiada parcialmente por el nearshoring) y los servicios podrían ser clave para revertir el estancamiento en los próximos meses, siempre y cuando no surjan nuevos choques externos como volatilidad cambiaria, tensiones comerciales o un enfriamiento mayor de la economía estadounidense.
Por ahora, las cifras del INEGI pintan un escenario de recuperación asimétrica: buenos noticias para el bolsillo de quienes ya están empleados, pero una alerta sobre la debilidad persistente en la creación de plazas formales. El reto para las autoridades y el sector privado será traducir los mayores salarios en un círculo virtuoso que impulse también la contratación y el dinamismo económico general.

