Por Ricardo Reyes.
El alcoholismo infantil y juvenil en México representa un problema de salud pública complejo, con raíces en factores familiares, sociales y culturales, aunque las encuestas nacionales más recientes muestran una tendencia a la baja en el consumo entre adolescentes. Este reportaje se basa en datos oficiales de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2025) y la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT), junto con análisis de instituciones como el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC).
Las cifras revelan que el alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más accesible y consumida entre niños y jóvenes, pero con una disminución notable en la última década:
- Consumo alguna vez en la vida (12-17 años): Según ENCODAT 2025, el 33.9% de los adolescentes había probado alcohol, una baja respecto al 39.8% de 2016. Esto equivale a unos 4.5 millones de jóvenes, frente a 5.7 millones hace nueve años.
- Consumo en el último año: Bajó de 28% (2016) a 17.8% (2025), es decir, de 4 millones a 2.3 millones de adolescentes.
- Consumo en el último mes: Se redujo de 16.1% a 7.5%, afectando a unos 985 mil jóvenes.
- Consumo excesivo (binge drinking): En el último año, cayó drásticamente de 15.2% (2.2 millones) a 6.3% (836 mil). En el último mes, de 8.3% a 2.6%. Es ligeramente mayor en hombres (7.7% vs. 4.9% en mujeres para el último año).
La ENSANUT Continua 2023 complementa estos datos para un rango más amplio (10-19 años): el 21% son «consumidores actuales» (al menos una copa en los últimos 12 meses), con 13.9% reportando consumo excesivo (4+ copas en mujeres o 5+ en hombres por ocasión). El consumo aumenta con la edad: 3.8% entre 10-12 años, 11% en 13-15 y hasta 32.5% en 16-17 años.
La edad de inicio es alarmante: niños comienzan a beber desde los 9 años, con un promedio de 13.2 a 13.6 años en adolescentes. En algunos casos, se reportan consumos mensuales en el 28% de estudiantes encuestados en estudios locales.
A nivel estatal, entidades como Jalisco, Nayarit y Quintana Roo históricamente muestran prevalencias más altas de consumo excesivo, aunque las tendencias nacionales indican mejoras generales.
Algunas voces expertas advierten que la disminución en encuestas podría deberse no solo a prevención efectiva, sino a factores como mayor mortalidad por violencia en este grupo etario, lo que reduce el número de encuestables. Esto genera un debate sobre si las cifras reflejan un verdadero avance o un sesgo oscuro.
El alcoholismo temprano no surge en el vacío. Los principales factores incluyen:
- Familiares: Normalización en reuniones y fiestas («en mi familia era común que se bebiera»). Padres o familiares con problemas de alcohol aumentan el riesgo; uno de cada cinco niños (0-17 años) vive en hogares donde algún familiar tiene dificultades con el alcohol.
- Sociales y de pares: Presión grupal, deseo de «pertenecer» o mejorar el ánimo en fiestas. Motivos como «social» y «mejora» explican consumo ocasional; el «afrontamiento» (escapar de estrés, ansiedad o depresión) predice consumo excesivo.
- Individuales: Baja autoestima, acoso escolar, impulsividad, problemas de salud mental (10% de adolescentes reportan malestar psicológico). El cerebro en desarrollo (hasta los 25 años) hace a los jóvenes más vulnerables a la dependencia.
- Ambientales: Accesibilidad fácil (cerveza domina el mercado), publicidad y cultura donde el alcohol se asocia a diversión. En entornos vulnerables, se mezcla con violencia familiar o deserción escolar.
El inicio temprano multiplica riesgos: quienes comienzan antes de los 15 años tienen hasta 3.6 veces más probabilidades de dependencia adulta. El alcohol interfiere en el desarrollo cerebral, afectando la memoria, aprendizaje y control de impulsos.
El consumo infantil y juvenil genera daños a corto y largo plazo:
- Salud física: Daño hepático, problemas cardiovasculares, mayor riesgo de cáncer y trastornos mentales. En México, el alcohol contribuye a miles de defunciones por cirrosis y accidentes.
- Salud mental: Aumenta depresión, ansiedad, conductas suicidas y dependencia. Muchos jóvenes con problemas de alcohol también enfrentan violencia o aislamiento.
- Sociales y legales: Accidentes viales (el alcohol está ligado a una proporción importante de muertes en jóvenes), lesiones, bajo rendimiento escolar, deserción y conflicto con la ley. En adolescentes en el sistema de justicia penal, el alcohol es una de las sustancias más reportadas.
- Violencia: Asociado a maltrato familiar y agresiones. En 2021-2023, cientos de hospitalizaciones de menores por violencia física ligada al alcohol en el hogar.
Testimonios reales ilustran el drama: jóvenes que inician en fiestas familiares a los 11-13 años, pierden control y enfrentan aislamiento, agresividad o pérdida de sueños. Casos como el de Valentina (quien entraba a primaria con botellas) o relatos de Alcohólicos Anónimos muestran cómo el alcohol «normalizado» escala rápidamente a dependencia.
El gobierno mexicano, a través de la Secretaría de Salud, CONADIC y el INSP, ha impulsado:
- Encuestas nacionales como ENCODAT y ENSANUT para monitoreo.
- Programas preventivos: «Línea de la Vida», campañas en escuelas y comunidades, Centros de Atención Primaria en Adicciones (CAPA) y Centros de Integración Juvenil. Enfoque en habilidades para la vida, diálogo familiar y detección temprana.
- Regulación: Programas como «Conduce sin Alcohol» y restricciones a la venta a menores (aunque la aplicación varía).
- Atención: Red de tratamiento ambulatorio y grupos de ayuda mutua. La demanda por alcohol ha disminuido en algunos indicadores, pero persiste en adultos jóvenes.
Expertos llaman a fortalecer la prevención primaria (educación en escuelas y familias), supervisión parental y abordaje integral de salud mental. La exposición a programas preventivos reduce prevalencias de consumo.
Aunque las estadísticas de 2025 muestran reducciones en consumo y exceso entre adolescentes —posiblemente por mayor conciencia, estilos de vida «wellness» o campañas—, el problema no ha desaparecido. La edad de inicio temprana, la normalización cultural y los factores de riesgo estructurales mantienen el alcoholismo infantil y juvenil como una amenaza para el desarrollo de miles de mexicanos.
Prevenir requiere acción multisectorial: familias dialogando abiertamente, escuelas con programas efectivos, gobierno reforzando regulación y atención, y sociedad cuestionando la «cultura del trago». El cerebro de un niño o adolescente es demasiado valioso para exponerlo prematuramente a una sustancia que puede alterar su futuro.
Si tú o alguien cercano enfrenta este problema, busca ayuda en CAPA, Centros de Integración Juvenil o la Línea de la Vida. La recuperación es posible, como demuestran muchos testimonios de jóvenes que lograron salir. La clave está en actuar temprano.

