Por Javier Zapata
La pregunta no es menor, ni retórica: ¿quién puede gobernar Nayarit, con resultados, congruencia y sin repetir los vicios del poder? Porque rumbo a 2027, ya se empiezan a lanzar nombres, frases “de bote pronto” y mensajes cifrados que, lejos de tranquilizar, encienden las alertas ciudadanas.

Morena ha sostenido al menos en el discurso que su mayor garantía es postular candidatas y candidatos congruentes, con trayectoria social, cercanos al pueblo y alejados de verdad a la corrupción que tanto daño le ha hecho al país. Esa promesa fue el motor del cambio. Pero hoy, esa misma garantía está bajo escrutinio.
Porque surge una contradicción incómoda:
¿cómo pueden considerarse “favoritos” o “favoritas” quienes, desde el servicio público, no pueden explicar su repentino enriquecimiento?
¿Cómo hablar de transformación cuando hay perfiles que llegaron con discursos de austeridad y hoy viven con lujos que no tenian, como élites, con salarios exagerados, privilegios normalizados y patrimonios imposibles de justificar?
La congruencia no se decreta, se demuestra.
No se construye en ruedas de prensa ni en declaraciones calculadas, sino en:
• Resultados tangibles para la sociedad.
• Cercanía real con las causas populares.
• Transparencia patrimonial.
• Trayectorias limpias, no blindadas por el poder.
Morena no puede, ni debe repetir el viejo esquema priista o panista donde el cargo público era el atajo a la riqueza personal. Si eso ocurre, el partido no solo traiciona su origen, traiciona al pueblo que confió en él.
La paridad de género tampoco puede usarse como coartada política. Postular a una mujer u hombre, no basta si detrás hay corrupción, simulación o ambición desmedida. La paridad sin ética es solo una fachada moderna del mismo régimen de siempre.
Hoy, más que nunca, la militancia y la ciudadanía deben preguntar con firmeza:
• ¿Quién trabajó realmente por Nayarit?
• ¿Quién puede sostener su patrimonio frente al escrutinio público?
• ¿Quién llega con autoridad moral y no con cuentas pendientes?
Porque si el “favoritismo” se basa en cercanía al poder y no en servicio al pueblo, la transformación se convierte en traición.
Morena aún está a tiempo de honrar su palabra.
Pero la sociedad también está obligada a no callar.
La pregunta sigue ahí, incómoda y necesaria:
¿Quién puede gobernar Nayarit, sin enriquecerse con el dinero del pueblo?
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