Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

Este lunes arrancaron en el Congreso del Estado de Sinaloa las comparecencias del gabinete Rochista. Este ritual institucional en donde los funcionarios van a “rendir cuentas”, aunque muchas veces solo terminan rindiendo excusas. El formato es por demás conocido: preguntas, respuestas y mucha gimnasia retórica para explicar por qué los avances no avanzan. La primera en pasar al banquillo fue la titular de la Secretaría de las Mujeres, Ana Francis Chiquete, quien enfrentó cuestionamientos severos de la diputada priista Irma Moreno Ovalles sobre el cumplimiento del Plan Estatal de Desarrollo 2022–2027. Y no era para menos: esta secretaría es, paradójicamente, la que más compromisos tiene y menos resultados muestra. Los números fueron más elocuentes que cualquier discurso. De 20 metas planteadas, solo el 10% de avance en 10 compromisos. Cuatro con 82%, uno con 66%, y el resto, en el limbo administrativo. Un avance tan desigual que más parece un boletín optimista que una política pública consistente. Pero el dato verdaderamente alarmante -y el que debería haber encendido todas las alertas- es el estancamiento en uno de los indicadores clave: el porcentaje de mujeres que conocen y defienden su derecho a una vida libre de violencia mediante la denuncia. Es decir, no solo no se avanza en protección, tampoco en empoderamiento, ni en confianza institucional. Nada. Y aquí es donde la comparecencia deja de ser trámite y se convierte en espejo incómodo: cuando una secretaría creada para garantizar derechos no logra que las mujeres denuncien, el problema no es de comunicación, es de credibilidad. No se trata de campañas, se trata de que las víctimas sientan que el Estado sí responde y no revictimiza. La insistencia de la diputada Irma Moreno no fue grilla, fue aritmética política. Porque los números no mienten, aunque el discurso intente suavizarlos. Y cuando los avances son tan bajos en un tema tan sensible, hablar de “procesos en construcción” suena más a justificación burocrática que a compromiso real. Las comparecencias deberían servir para aclarar, corregir y enderezar el rumbo. Pero cuando exhiben que las metas más importantes siguen sin caminar, lo que queda claro es que el gabinete Rochista administra programas, pero no transforma realidades. Porque en política pública, como en la vida, no basta con tener metas en papel. Si no cambian la vida de la gente, son solo promesas archivadas…

El H. Ayuntamiento de Culiacán lanzó una convocatoria para reclutar 400 nuevos policías municipales en 2026. La pregunta no es cuántos se van a inscribir, sino quién en su sano juicio lo haría en medio de la crisis de inseguridad que azota a Sinaloa desde septiembre de 2024. Porque no hay que maquillarlo: hoy ser policía en Culiacán es uno de los trabajos más peligrosos del estado, y no precisamente por el estrés laboral. Los ataques contra policías y agentes de tránsito han sido de los episodios más violentos de esta narco-guerra abierta entre las facciones del Cártel de Sinaloa. No es percepción, es estadística, es nota roja, es realidad cotidiana. Aun así, la comuna busca tapar el boquete histórico de déficit policial y llegar, por lo menos, a 1,400 elementos en 2026. La meta suena bien en el papel, pero la realidad no se recluta con boletines. Se recluta con condiciones, con garantías, con respaldo institucional que hoy simplemente no existe en la magnitud del riesgo. El presidente municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil -arquitecto de profesión y político por dedazo- informó que la convocatoria está abierta para hombres y mujeres, y que las plazas están respaldadas con presupuesto. Qué alivio: hay dinero para pagarles, aunque no necesariamente para protegerlos. El plan es ambicioso: llegar a 1,800 policías en 2027. Lo que no queda claro es si también hay un plan igual de ambicioso para que esos policías lleguen vivos a 2027. Porque invitar gente a una corporación golpeada, sin blindaje real, sin respaldo claro y sin una estrategia sólida de protección interna, no es política pública: es voluntarismo administrativo. Tal vez ya es hora de que las corporaciones policiacas entiendan que no basta con abrir convocatorias. Se necesitan estrategias serias para cuidar a quienes ya están, mejorar inteligencia, equipamiento, protocolos y, sobre todo, enviar una señal clara de que el uniforme no es una sentencia. Aun así, hay que decirlo con honestidad: la intención es necesaria. Reconocer el déficit y querer atenderlo no es menor. La voluntad existe, aunque llegue tarde y rodeada de riesgos. Bienvenidos los nuevos policías. Ojalá también sean bienvenidos el respaldo real, la protección efectiva y un Estado que no los deje solos. Porque el verdadero reto no es reclutarlos, es no seguirles contando después…

Todo parece indicar que la administración Rochista, gobierna en modo corto plazo, atrapada en su propio sexenio y sin una visión clara de continuidad gubernamental. No se trata solo de una percepción política ni de un juicio opositor: es una práctica evidente en la forma en que se diseñan -o se improvisan- las políticas públicas estatales. La falta de confianza en la permanencia de un proyecto político más allá de este gobierno es palpable. De ahí se desprende una estrategia que privilegia el gasto inmediato, la foto rápida y el anuncio oportuno, por encima de una planeación de largo alcance que piense en el Sinaloa que viene, no solo en el que conviene hoy. Bajo esta lógica se entiende la decisión de solicitar permiso para endeudar al Estado, aun y cuando Sinaloa arrastra compromisos financieros ya de por sí relevantes. El argumento es el de siempre: impulsar la obra pública. Lo que se omite es que, al mismo tiempo, se siguen pagando deudas heredadas y ahora también las propias de esta administración. Pero el problema no es únicamente el endeudamiento. El problema es el mensaje político que se envía: el futuro no importa, o peor aún, que sea problema de la siguiente administración. Se gobierna como si el calendario terminará con el sexenio, como si después no hubiera consecuencias. Las obras se presentan como logros sexenales, nunca como parte de un proyecto integral de desarrollo que trascienda coyunturas electorales. Así, las políticas públicas dejan de ser instrumentos de transformación sostenida y se convierten en herramientas de contención política, diseñadas para administrar el presente y patear el costo hacia adelante. La ausencia de una idea de continuidad no solo debilita la planeación: compromete la estabilidad financiera del Estado y reduce el margen de maniobra de los gobiernos futuros, que recibirán no solo el poder, sino también el hoyo financiero dejado por decisiones tomadas al vapor. Gobernar sin pensar en lo que pasará después no es pragmatismo, es confesión. Es aceptar, en los hechos, que el proyecto no aspira a perdurar. Y este, quizá, es el mayor síntoma de desconfianza que una administración puede mostrar: no creer ni siquiera en su propio legado. Porque cuando un gobierno actúa como si el mañana no existiera, lo que realmente está diciendo es que su proyecto tampoco…

El ahora flamante senador José Gerardo Rodolfo Fernández Noroña, no le gustaba pagar impuestos, pero ahora le encanta vivir de ellos. Criticaba los excesos de otros, pero ahora le fascina tener los suyos.  Odiaba a los países capitalistas, pero ama vacacionar en todos ellos. Se manifestaba en la calle como porro aludiendo a la libertad de expresión, pero obligó a un ciudadano a pedirles disculpas públicas. Gerardo Fernández Noroña, debe de entrar en el top-ten de los políticos más despreciables, zánganos e hipócritas, de toda la historia mexicana. Su comportamiento así lo define…

#SePresumeQué existen indicios que, en lugar de una invasión militar por parte de los Estados Unidos en México, podría estarse buscando la manera del cómo influir en la política mexicana a través de los medios más sutiles, como lo es la presión económica o la influencia en las elecciones. Y que, de hecho, una invasión militar sería contraproducente para los intereses estadounidenses, ya que afectaría negativamente la economía y la estabilidad en la región…

Si PEMEX es de todos los mexicanos, ¿Por qué la gasolina se la regalan a los cubanos y a nosotros los mexicanos nos la venden demasiado cara? Suyos los comentarios estimados lectores…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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